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¿Qué tienen en común la deontología y la película Del revés?

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¿Qué tienen en común la deontología médica y la película de animación Del revés?, ¿qué emociones básicas en la práctica clínica podrían estar representadas en esta historia?, ¿es ético llorar frente a un paciente? Estas y otras preguntas han surgido durante la primera sesión del V Seminario Sobre Medicina y Cine, celebrado en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM). Entre marzo y diciembre, se exhibirán una decena de películas, cada una relacionada con un capítulo del Código de Deontología.

“La película Del revés es una tesis sobre cómo nos mueven las emociones”, resume el doctor Benjamín Herreros, internista y miembro de la Comisión de Deontología del ICOMEM. “Casi todos los casos de errores médicos que nos llegan tienen que ver con una mala gestión de las emociones, por eso es tan importante que el médico aprenda a reconocerlas y manejarlas”, explica. “Los actos médicos son actos humanos; pensamos, sentimos y actuamos”, ilustra la neuróloga Marta Ochoa, de HMHospitales.

Durante la presentación del acto, al que acudió MedLab.email, la doctora M.ª Jesús Pascual señaló algunas de las enseñanzas deontológicas que pueden extraerse de Del revés. “Al principio de la película, todas las emociones -Alegría, Tristeza, Miedo, Ira y Asco- están felices, pero esa estabilidad cambia y hay que afrontarla”, explica la especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, “esto quiere decir también que las emociones no son estáticas, pueden cambiar y se pueden trabajar”. En otra escena de la película, Tristeza y Bing Bong recuerdan la importancia de escuchar.

La tristeza también genera bienestar

“Alegría siempre intenta acallar a Tristeza, pero, poco a poco, se da cuenta de su importancia y de su capacidad para generar empatía o nostalgia”, ejemplifica la forense Pilar Pinto, “la tristeza también genera bienestar si se gestiona bien”, sentencia. “Al desahogarse, uno puede seguir adelante”, secunda la doctora Ochoa. “¿Alguna vez habéis llorado delante de un paciente?”, interpela la doctora Pascual, “según las estadísticas, el 50% de los médicos europeos llora; casi siempre por impotencia o compasión”, apunta.

“Los médicos o nos implicamos demasiado o nos mantenemos demasiado fríos con los pacientes y sus familiares”, reconoce Pinto. Una mano alzada entre el público señala la familia como uno de los grandes pilares de la película. “Al final es la que lo sujeta todo”, dice el espectador, “por eso España tiene una de las sanidades más baratas, porque los médicos cedemos gran parte de los cuidados a las familias”. A raíz de este debate surgen entre el público algunas emociones habituales en la práctica clínica: sorpresa, duda, envidia y soberbia son algunos de los personajes que habitan en los médicos.

¿Paternalismo o soberbia?

“Es cierto que muchas veces adoptamos un rol paternalista que, a menudo, es bien recibido, pero otras veces puede rozar la soberbia”, admite el presidente del ICOMEM, Miguel Ángel Sánchez Chillón, “a veces no sugerimos, imponemos”. Para Herreros, sin embargo, “no se puede separar el ejercicio de la medicina de un cierto paternalismo que, bien entendido, no tiene por qué desterrarse”, defiende. No obstante, insisten los tertulianos, el médico no solo debe estar pendiente de las emociones que el acto clínico genera en el paciente; también de las suyas propias. Herreros narró a la audiencia el caso de una médico de Atención Primaria que había sido denunciada por una supuesta mala atención de urgencias.

“Pasaron 8 años desde el acto médico hasta el juicio; para entonces ella decía que ya no iba a poder ser la misma persona ni iba a poder ver igual a sus pacientes”, lamenta el especialista en deontología. Tras una reclamación de estas características “se puede llegar a cambiar mucho y, muchas veces, de forma preventiva e inconsciente”, opina Pinto. Por eso, explica Herreros, la línea de actuación de la Comisión es siempre la mediación. “Sancionar no es siempre lo mejor, intentamos que nadie salga traumatizado para que ese médico pueda seguir ejerciendo bien su profesión”.