El mesenterio y su rol en patologías

Por Carlos Andrés García Orozco

Hasta hace algunos años, se consideraba que el cuerpo humano estaba compuesto por 78 órganos. Sin embargo, a la luz del trabajo de Coffey y O´Leary el mesenterio fue clasificado como un órgano nuevo, incrementado esta cifra a 79. Desde entonces, el mesenterio ha sido objeto de un sinnúmero de investigaciones sobre su rol en la inmunología y su implicación en la génesis de varias patologías intestinales, ya que se conoce que cumple funciones de absorción, distribución, metabolismo y excreción (ADME). En este artículo discutiré brevemente la embriología, anatomía y fisiología del mesenterio y su participación en la génesis de las mesenteriopatías.

¿Cuál es la definición actual de un órgano y por qué reclasificaron al mesenterio como uno?

En los diccionarios médicos, un órgano es comúnmente definido como un conjunto de tejidos que desempeñan una función vital o especial dentro del cuerpo. A pesar de esto, la definición es algo inespecífica, ya que algunos al mencionar órganos nos referimos a órganos internos (corazón, pulmón, intestinos), dejando de lado a la piel, huesos y músculos. Por si esto fuera poco -y para que nos demos cuenta de que la definición está incompleta-, existen ciertos epónimos -como órgano de corti, órgano tendinoso de Golgi- donde la palabra órgano está en sentido figurado y que ésta, en realidad, a veces significa “similar a un órgano”.

De esta manera, podemos decir que el dogma de que los sistemas son conjuntos de órganos, órganos que están formados por tejidos, es insuficiente, y deberíamos modificar el concepto de sistema a “conjunto de órganos intercomunicados mediante tejido conectivo, vasos y nervios”.

Dicho esto, ¿es el mesenterio realmente un órgano? No. Sin embargo, es una entidad anatómica que alcanza el mismo nivel jerárquico de un órgano.

Si es un órgano, ¿qué funciones desempeña?

La concepción anatómica de hace algunos años acerca del mesenterio era incorrecta, pero no siempre fue así. Para Da Vinci el mesenterio era una capa continua que convergía en el centro de la cavidad abdominal para adherirse a los intestinos. En 1879, el anatomista Toldt, identificó dos mesos asociados al colon ascendente y descendente. Seguramente se refería al mesocolon ascendente y descendente, que en un algún momento sostuvieron las porciones del intestino grueso. En 1885, Treves concluyó que el colon ascendente y descendente carecen de mesos, descubrimiento que fijó las bases de las demás ciencias como la embriología, cirugía y radiología, asegurando además que el mesenterio era una capa fragmentada sin continuidad, presente únicamente en el yeyunoíleon, colon transverso y colon sigmoideo.

¿Y adivinen qué? Da Vinci tenía razón.

El mesenterio asociado al yeyunoíleon y a todas las porciones del colon es, en realidad, una sola membrana continua y sin interrupción que se origina en la flexura duodenoyeyunal o ángulo de Treitz; desciende oblicuamente hacia abajo y a la derecha transportando en su interior vasos y nervios mesentéricos superiores; se fija en el ángulo ileocólico; y luego se continúa sucesivamente como mesocolon ascendente, transverso, descendente, sigmoideo y mesorecto. No olvidemos que tanto el mesocolon ascendente, descendente, la porción medial del mesosigmoideo y el mesorecto están aplicados a la pared abdominal posterior, convirtiéndolos en órganos retroperitoneales. Cualquier alteración de esta adherencia hace que el intestino esté suspendido únicamente por sus elementos vasculares, tendiendo a la torsión y originando varias patologías que discutiremos más adelante.

Visto al microscopio y como toda túnica serosa, el mesenterio se compone de tejido conectivo laxo, mesotelio y tejido adiposo. El mesotelio, por su lado, es un nicho de células madre que posee grandes capacidades regenerativas que son relevantes para el tejido en reparación, posterior a una cirugía, o en patologías herniarias y de adherencias.

El tejido adiposo cumple funciones inmunológicas importantes gracias a la presencia de las Agregaciones Linfoideas Asociadas a Tejido Adiposo (FALCs) –similares a los MALT de las vías aéreas y del tracto GI-. Se sitúan a lo largo de todo el mesenterio y por debajo, en zonas altamente vascularizadas donde las arterias forman pequeños ovillos o glomérulos.

Dentro de estas agregaciones podemos encontrar todo tipo de células inmunitarias, linfocitos T, B, macrófagos, células dendríticas y células linfoideas innatas tipo 2, que cumplen el papel de “filtrar” el líquido peritoneal y poder generar un respuesta inmune inmediata en caso de encontrar algún antígeno o patógeno dentro de la cavidad peritoneal.

A más de esto, se ha observado en los humanos que el mesenterio es capaz de sintetizar beta-glucuronidaza (enzima implicada en la hidrólisis de carbohidratos y aumento de la absorción a nivel intestinal); MAO o MonoAmino Oxidasa (enzima que degrada las monoaminas en el tracto digestivo); a nivel del SNC cataliza la serotonina y noradrenalina; y proteína C Reactiva, que regula la fibrinolysis y la actividad de la cascada de coagulación.

Y, bueno, hasta ahora hemos hecho un breve resumen sobre las funciones que desempeña el mesenterio. Sabemos que debemos considerarlo un órgano y, como tal, posee parénquima y estroma.

La pregunta del millón es: ¿qué estructuras histológicas corresponden al parénquima y al estroma?

Por su lado, el componente epitelial del mesenterio, es decir, el mesotelio, es considerado el parénquima de este órgano, que puede desarrollar múltiples enfermedades como el quiste mesentérico, mesenteritis esclerosante y mesotelioma. Al contrario, el estroma corresponde al tejido conectivo y adiposo, que puede manifestar patologías como paniculitis, tumores desmoides y linfomas.

Todo esto nos lleva a clasificar a las enfermedades del mesenterio en mesenteriopatías primarias y secundarias.

Su rol en patologías

Las mesenteriopatías primarias son aquellas que se originan en el mesenterio.

  • Encabezando la lista tenemos a los vólvulos, la malrotación intestinal. Sabemos por anatomía que el mesenterio suspende a las vísceras dentro de la cavidad abdominal y que ciertas porciones, como el mesocolon ascendente y descendente, están aplicadas a la pared posterior del abdomen. Cualquier anomalía en la adherencia o desarrollo del mesenterio hace que las vísceras estén suspendidas únicamente por sus pedículos vasculares, con una tendencia marcada a torcerse sobre su propio eje, hasta terminar necrosando el tejido. Hasta hace poco se pensaba que la génesis del vólvulo se daba por un hiperdesarrollo de la longitud del mesenterio, que resultaba en una mayor movilidad del intestino. Sin embargo, como ahora consideramos al mesenterio una membrana continua, se atribuye al desarrollo del vólvulo a la separación del mesenterio de la pared posterior del abdomen. Este conocimiento es de suma importancia para saber cómo resolver este tipo de situaciones y disminuir la tasa de recidivas mediante un procedimiento conocido como mesenteriopexia, que es literalmente la readherencia del mesenterio a la pared posterior del abdomen.
  • Luego tenemos a las herniaciones internas, que pueden ser postquirúrgicas o espontáneas debido a atresia mesentérica. La resolución es bastante sencilla: después de la resección intestinal, el defecto mesentérico debe cerrarse para evitar el riesgo de herniación.
  • Están también los quistes mesentéricos. Son raros, poco comunes, suelen ser asintomáticos y se dan por una proliferación del mesotelio.
  • Finalmente están aquellas mesenteriopatías que se desarrollan a nivel celular, como la lipodistrofia mesentérica, paniculitis mesentérica y mesenteritis esclerosante. Todas tienen como base la proliferación del mesotelio, que conduce una inflamación crónica de mismo.

Luego están las mesenteriopatías secundarias, que surgen de fuentes extrínsecas, sea por contigüidad o diseminación sistémica de algún proceso patológico, como neoplasias y enfermedades inflamatorias.

  • La más impresionante de todas es su rol en la enfermedad de Crohn. Comúnmente se describe a la Enfermedad de Crohn como una patología intestinal transmural que invade el mesenterio. Sin embargo, un estudio publicado en junio de 2016 indicó que prácticamente todos los elementos del mesenterio estaban implicados en la patogénesis de la enfermedad de Crohn, volviéndola una mesenteriopatía primaria que invade intestino. El papel de los adipocitos y el sistema nervioso autónomo es impresionante, una interrupción en la estimulación simpática conduce a una menor secreción de noradrenalina, que tiene propiedades antiinflamatorias. Por su lado, los adipocitos secretan adipokinas, enzimas proinflamatorias que además poseen funciones de inmunomodulación.

La conclusión

La categorización del mesenterio como órgano nos ha provisto de muchas perspectivas prácticas y novedosas.

La continuidad del mesenterio del intestino delgado con la del colon derecho explica en gran medida el dolor del lado derecho del abdomen en adenitis mesentérica, el porqué de los vólvulos y la afección ileocecales en la enfermedad de Crohn y el mal pronóstico del cáncer de colon derecho. La continuidad del mesenterio nos dice a gritos que es un importante componente de comunicación entre los órganos de tracto gastrointestinal, un puente del lenguaje molecular por donde discurren hormonas, citokinas, neuropéptidos, entre otros.

La base neuroanatómica del eje cerebro – mesenterio – intestino es aún desconocida y, dada la importancia de este para la homeostasis global y el desarrollo procesos patológicos, el estudio de la neuroanatomía mesentérica es de carácter imperativa.


Carlos Andrés García OrozcoCarlos Andrés García Orozco es un estudiante de Medicina en la Universidad de Guayaquil, que, a través de YouTube, hace llegar a otros estudiantes una anatomía más dinámica y fácil de comprender. Gracias a esta iniciativa ha impartido charlas en línea para el SECEMUNT; ha participado en las dos últimas ediciones del Curso de Inducción a las Ciencias Médicas y de la Salud, y en el II Congreso en Ciencia Sanitaria de España.


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