Este artículo es la segunda parte de una serie firmada por nuestro colaborador, el doctor Luis Fernando Lira Menéndez, Cirujano Plástico. Puedes leer la primera parte aquí.

La palabra «honorario» proviene del latín honoraius. Honorario es aquello que sirve para honrar a alguien. Cuando se emplea en plural (honorarios) se vincula a la remuneración que recibe un profesional liberal e independiente por su trabajo; (y no bajo la relación de dependencia) por parte del paciente en compensación por la ayuda que recibió ¹.

Sin embargo, el sueldo es la remuneración regular asignada por el desempeño de un cargo o servicio profesional. La palabra tiene su origen en el término latino solĭdus (“sólido”), que era el nombre de una antigua moneda romana.

Por otra parte, el término salario (del latín salarĭum, relacionado con la “sal”) suele ser utilizado como sinónimo de la remuneración regular o la cantidad de dinero con que se retribuye a los trabajadores por cuenta ajena por un trabajo en tiempo fijo, ya que antiguamente se les pagaba con sal, y de ahí su origen.

Percibir honorarios es algo éticamente válido y moralmente bueno; pues se ciñe al principio de justicia que establece que todo trabajo debe ser remunerado, bien sea en dinero, en especie o en gratitud pura. Sin embargo, debe haber un intercambio justo en equilibrio con el servicio ofrecido y el recibido.

Hasta antes de la existencia de las monedas, el intercambio entre los bienes materiales o de servicios por otros se realizaba mediante el trueque como representación del valor en la transacción.

En la Época Prehipocrática, que se extiende desde los orígenes de la humanidad hasta la Grecia de los siglos VI y V, A.C. (460 AC), hubo diversos conceptos de atención y percepción de los ingresos. En la medicina primitiva tenía papeles muy importante el chamán o hechicero, el sacerdote y el brujo, que gozaban de gran influencia en la población. Sin embargo, el pago de sus servicios dependía de los resultados del tratamiento, muchas veces exitosos seguramente, pero siendo, en algunas ocasiones, desfavorables.

Por otro lado, surge la medicina religiosa, siendo importante en algunos lugares de Babilonia, como en Mesopotamia, de donde surge el famoso Código de Hammurabi. Este último se traduce “si un médico ha curado el miembro roto de un hombre libre o hace revivir una víscera enferma, el paciente dará al médico 5 ciclos de plata. Si es un plebeyo, dará 3 ciclos de plata”, haciendo alusión al pago de honorarios por una atención.

También se distingue la “medicina humanizada” o secular, realizada por personas profesionales para la época, dedicadas a la atención de enfermos en sitios comunitarios, descritos en Charadas 600 a.C., época en la que ya se hacía medicina social.

Posteriormente, en la Época Hipocrática (siglo V a.C.), en Grecia se destacan los Asclepias de la escuela de Hipócrates, que en los «Libros preceptos» hablan de honorarios como algo normal: “Aconsejo que a veces se practique gratis la Medicina, trayendo a la memoria el recuerdo pasado de un favor o el prestigio presente”.

Las reglas de los honorarios médicos

En él mencionan también varias reglas:

  1. El honorario se justifica si lo que el médico busca es la perfección de su arte.
  2. El médico debe tener en cuenta la condición económica del paciente.
  3. Si lo que busca es pagar un favor o acrecentar prestigio, el médico puede asistir gratuitamente al enfermo.
  4. La fijación previa de honorarios es reprobable, ya que los honorarios deben calcularse después de brindar la atención al enfermo.

Según esta última norma, los hipocráticos consideran un asunto delicado el acuerdo sobre la remuneración por su efecto psicológico en el paciente y en el médico: cuando ya se ha pagado, no se recibía la atención correcta, a lo que hoy en día diríamos: “Mariachi pagado, mariachi mal cantado”.

Después, distinguimos en la Época Posthipocrática hasta la Edad Media otros conceptos. En Roma los médicos (altamente privilegiados por la clase social alta) estaban eximidos de pagar impuestos. No prestaban servicio militar y si llegaban a verse escogidos por el emperador o por alguna familia importante, su trabajo era remunerado anualmente, de manera por demás generosa.

La influencia del cristianismo desarrolla en forma importante el concepto de la filantropía. Como Jesús era Médico y curaba sin cobrar, obliga al médico a curar de manera desinteresada al hermano enfermo, o al menos era la percepción que la gente tenía sobre la atención que el médico debía brindar.

Surge posteriormente la atención en monasterios y los primeros centros que serían los equivalentes hospitales de hoy en día, donde brindaban alimentos y medicamentos a los enfermos, perpetuándose el servicio de esta manera hasta nuestra época.

Más tarde, en el siglo IX se tiene información en la población de Salerno en el Sur de Nápoles, Italia, donde se funda la primera escuela médica, cambiando la percepción en la atención a la salud. En el momento del grado, el nuevo médico juraba honrar a la escuela, atender gratis a los enfermos pobres y no abrir tienda de boticario (respetando la noble labor que ellos ejercían). Fue allí donde, por primera vez, se llamó al médico “doctor”: Se convierten entonces en personas doctas – doctores – y se tienen como muy estudiosos.

Ya en el siglo XII en el Concilio de Reims se prohibió a los clérigos cobrar honorarios por los servicios médicos. Posteriormente dejaron de atender pacientes oficialmente, creciendo y siendo más popular la atención en los hospitales.

La remuneración médica en la Edad Media

En la Edad Media, en el cuarto concilio Lateranense (1215), se les prohibió a los sacerdotes practicar cualquier actividad médica, en especial la relacionada con la cirugía debido a los riesgos que significaba intervenir sin estar preparados. Esta actividad obligaba habitualmente al pago de honorarios.

En 1243, por disposición Papal, se les prohíbe a los clérigos regulares estudiar las ciencias médicas, momento a partir del que fue desapareciendo la gratuidad en la Medicina. Por lo que podemos decir hoy en día que los médicos que no cobran honorarios a sus pacientes son rezagos de la Edad Media.

En la Época Medieval se consideraba que el cirujano que deseara tratar de forma adecuada a sus pacientes debía, primero que nada, arreglar la cuestión de los honorarios. Si no los tenía seguros, no se podía concentrar en el caso, sino que examinaba al paciente superficialmente, con excusas y tardanzas. Si, por el contrario, había recibido sus honorarios, entonces el ciego ve y el cojo corre, porque ya estaban obligados por el pago recibido.

Se decía en la época que el cirujano debía tener algunos puntos en su mente:

  1. Sus honorarios
  2. Evitar murmuraciones
  3. Operar cautamente, la enfermedad y la resistencia del paciente.

En el siglo XIII se consideraba que “todos los hombres son iguales por naturaleza y nadie está obligado a servir a otro por ley natural”. Si una persona pone su trabajo al servicio de otra, se rompe el equilibrio natural y aparece una desigualdad que debe ser compensada por la persona beneficiada con una retribución al benefactor de cualquier género, de donde se soporta el concepto de dar los honorarios médicos ².

Santo Tomás de Aquino decía en la Suma Teológica, siglo XIII:  Tiene derecho de recibir una justa retribución todo aquel que presta unos servicios a los que no está en justicia obligado, con tal que esa retribución sea moderada, de acuerdo con las costumbres establecidas, proporcionada al trabajo realizado y a la distinta condición de las personas beneficiadas. Ya mencionaba en aquel entonces el mantener los valores, los que decimos que son escasos hoy en día.


Bibliografía:

¹ Ética Médica, Dr. Julio Roldán. Ed. La Universidad La Salle (1981).

² Tratado de cirugía, Henri de Mondeville, (1306).


Luis Fernando Lira Menéndez, destacado cirujano que se formó como Cirujano General y Cirujano Plástico, Estético y Reconstructivo por el Sector Salud. Realizó una Especialidad en Acupuntura Humana en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y otra en Homotoxicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es experto en Abdominoplastia, Cirugía Posbariátrica, Aumento Mamario, Otoplastia, Rinoplastia y Corrección de Cicatrices, Cicatrización Anormal como Queloides e Hipertóficas.

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