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Científicos alertan de operaciones clandestinas con células madre

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Existen un total de 570 clínicas de este tipo, según han podido cuantificar el experto en bioética de la Universidad de Minnesota, Leigh Turner y el investigador de células madre de la Universidad de California, Paul Knoepler. "Con estos datos resulta difícil creer que la FDA esté haciendo un buen trabajo”, lamentan.

Sin embargo, no se trata de una situación nueva ya que, años atrás, este problema se limitaba a pacientes que viajaban al extranjero para recibir tratamientos no disponibles o expresamente prohibidos en EE.UU.  La revista Cell Stem Cell aseguró el pasado mes que ahora estos tratamientos se realizan en territorio nacional.

La publicación señala a 351 empresas que aseguran poder curar desde el Alzheimer hasta la artritis con esta sustancia biológica pero que en realidad llevan a cabo prácticas de alto riesgo, como trasplantar células madre de un órgano –generalmente de la capa adiposa por su bajo coste– en el tejido de otro no relacionado.

En muchas ocasiones el procedimiento consiste en la extracción de adipocitos y su licuación junto con enzimas. Una centrifugadora separa las células madre que vuelven a inyectarse en el paciente. La revista New England Journal of Medicine describió como, tras una de estas “liposucciones” encontraron una masa pegajosa adherida a la médula ósea de un paciente.

Mientras numerosas entidades científicas lanzan una “llamada de atención para señalar a la FDA la magnitud del problema” en palabras de Aaron Levine del Instituto Tecnológico de Georgia; los trabajadores de estas clínicas clandestinas defienden sus tratamientos y los califican de “indispensables”, especialmente para tratar lesiones deportivas.

“No se trata de un fármaco, sino de emplear tejido de nuestro propio cuerpo en distintos lugares”, argumenta Drew DeMann, director de la clínica Manhattan Spine and Sports Medicine, una de las acusadas. “No existe ninguna indicación de que no sea seguro”, insiste y mientras tanto “no creo los profesionales médicos deban esperar hasta que exista un grado abrumador de pruebas”.

Chimera Labs es otra de las empresas de células madre implicadas. Su fundador, Duncan Ross admite que “debe hacerse algo respeto a la regulación de estas clínicas” y que, hasta el momento, no están siguiendo estrictamente las normas de la FDA sobre contaminación de tejidos.

Afirma que la polución de las células es prácticamente imposible en su laboratorio gracias a la asistencia de técnicos experimentados. “Es cierto, se trata de elementos no homologados, ¿y qué?, no han dañado a nadie hasta ahora”, según ha declarado Ross al medio Technology Review.

Totalmente contrario es Turner, quien recalca la peligrosa actividad de estos centros sin historial de eficacia. “Si alguien con una enfermedad terminal empieza a buscar un rayo de esperanza en internet, encontrará estos negocios. Lo peor es que parecen ser profesionales, atractivos y estar vinculados con investigadores y estudios preclínicos fidedignos”, protesta el científico.

Por su parte, la FDA ha remitido numerosas cartas a estas clínicas advirtiendo de que los procedimientos deben someterse a su aprobación; una medida que muchos consideran insuficiente. Es la única acción que la Agencia ha emprendido desde el año pasado, cuando publicó un borrador de directrices sin validez legal.