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Configuran un mapa global de la diversidad genética en el planeta

Ciencia y Tecnología

“Nunca habíamos tenido una visión global de cómo se distribuye la diversidad biológica, no a nivel de especies, sino de genética. Es como si fuera el primer telescopio y estuviéramos descubriendo las primeras constelaciones”, explica a la agencia EFE Nogués-Bravo, profesor asociado al proyecto. La investigación revela 2 conclusiones principales: que es en las regiones tropicales donde hay mayor diversidad genética y que la actividad humana ha reducido esa diversidad.

La diversidad genética va unida a la capacidad de adaptarse a los cambios, por lo que los trópicos están en teoría más preparados para enfrentarlos que las zonas polares, donde esa variedad es menor. “Teníamos indicaciones de una especie aquí y allá, pero no un patrón global. Los trópicos son como las arcas de la diversidad genética”, afirma el investigador español.

Los datos analizados muestran también que los mamíferos y anfibios que viven en las áreas más alteradas por los humanos son los que tienen menor diversidad genética y, por tanto, peores perspectiva de adaptarse a los cambios en el medio. A pesar de la gran cantidad de material genético almacenado en los depósitos públicos como el GenBank, la base de datos del Instituto Nacional de Salud de EE. UU. y que el grupo usó como principal referencia.

Los investigadores han utilizado referencias geográficas incluidas en el material para averiguar las coordenadas a través de algoritmos, aunque el resultado final solo representa en torno al 35% de todo el conocimiento sobre secuencias genéticas. De ahí, que sea necesario mejorar las estrategias para clasificar datos filogeográficos futuros, y desarrollar algoritmos de búsqueda de datos para referenciar geográficamente los millones de secuencias disponibles.

“En el fondo sabemos muy poco de la biodiversidad del planeta”, admite Nogués-Bravo, tras resaltar que el estudio incluye otro mapa bautizado como “el de la ignorancia”.
La mayoría del conocimiento existente viene de Europa Occidental, Norteamérica y Extremo Oriente, mientras que zonas como los trópicos, donde más variedad genética hay, son de las que menos se conocen.

La elaboración del mapa permitirá avanzar en la comprensión de los mecanismos que controlan el número de especies, evaluar la capacidad de estas para adaptarse a los cambios y detener la pérdida de la biodiversidad. “Lo siguiente es entender dónde vamos a perder más diversidad genética por el cambio climático. Ya estamos trabajando en eso”, explica Nogués-Bravo, que investiga desde hace 8 años en el Centro de Macroecología, Evolución y Clima, adscrito al Museo de Historia Natural de la universidad.