“La investigación cardiovascular en España no está mal en términos bibliométricos. Pero todavía está mal vista la transferencia de conocimientos al sector productivo”, valora el doctor Javier Bermejo. Durante su visita a los Desayunos Informativos de MedLab Media Group, el jefe de sección y coordinador de Cardiología no Invasiva en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón reflexiona sobre temas de importancia para la investigación. Es el caso de la cultura del altruismo, la importancia de la propiedad intelectual o el fraude científico.

“Si lo primero que haces como investigador es publicar y lanzar tu investigación al mundo, acabas de matar toda posibilidad de que ese descubrimiento triunfe”, defiende el cardiólogo. “En el momento en que se publica, esa investigación ya no se puede proteger intelectualmente: nadie va a invertir en un ensayo clínico para un producto si puede llegar otro laboratorio y encargarse de fabricarlo”, explica Bermejo sobre una mentalidad altruista común entre los científicos españoles que no beneficia a la ciencia.

“Aunque no quieras ganar un duro con tu investigación, si quieres que llegue a impactar en los pacientes no tienes más remedio que generar una estructura empresarial o vendérsela a una ya consolidada”, aconseja Bermejo a pesar de las de la desconfianza que este “ánimo de lucro” sigue generando en universidades y hospitales. Aunque aún no existen oficinas de transferencia como tal, sí están empezando a surgir redes de apoyo a la innovación como ITEMAS, que asesora en estudios de patentabilidad.

“El altruismo español es singular”

“Estamos avanzando en la cultura de romper las barreras y empezar a interaccionar”. El cardiólogo se refiere también a aspectos como la investigación traslacional o los estudios multicéntricos. Aunque hay margen de mejora, “en España se están produciendo publicaciones importantes en Cardiovascular”. Bermejo atribuye gran parte de este mérito a la disponibilidad de pacientes voluntarios.

“La sociedad española tiene una gran capacidad de entender la importancia de su participación en la investigación médica y el altruismo con el que lo hace es una cosa absolutamente singular”, agradece Bermejo. “Frente a todas las dificultades de las que hablábamos antes, tenemos esta ventaja”, asegura el cardiólogo. Para Bermejo, el paciente es la clave de la investigación clínica y la base de la medicina basada en la evidencia.

“El avance médico en los últimos 50 años ha sido gracias a los ensayos clínicos”, defiende. “Hay muchas expectativas y literatura en torno a la explotación del big data.  Dicen que la investigación se va a hacer de otra manera”, reflexiona Bermejo. Sin embargo, “el big data solo va a ser una máquina para generar hipótesis: la prueba del algodón va a seguir siendo el ensayo clínico”. Sin embargo, con la aparición de nuevas y complejas herramientas estadísticas irrumpen también nuevos medios de fraude científico.

“En ciencia también hay fraude”

“Si el engaño es a conciencia, es muy difícil que un revisor pueda darse cuenta”, asegura Bermejo. Desempeñó su labor como editor asociado de la Revista Española de Cardiología hasta 2009. “Existen, incluso, software de fraude de los que puedes descargarte un estudio totalmente inventado y diseñado para una revista concreta de tu elección”, ejemplifica el cardiólogo. Aunque existen métodos de cribado “muchos fraudes se destapan porque alguien próximo a la investigación levanta la mano”.

“En España el sistema está vendido”, advierte. “No hay mecanismos de control fuera de las instituciones y, muchas veces, dentro tampoco”. En este contexto, “el investigador tiene que tener una formación muy potente para saber donde está la línea roja”. La presión para producir o lograr la visibilidad del trabajo son algunos de los factores que pueden contribuir a cruzar estos límites.

“Los médicos tenemos una ventaja: si no publicamos, nuestra familia no se queda sin comer. Pero, para quien se dedica al 100% a la investigación, la presión es mayor”, admite Bermejo. No obstante, “no hay que exagerar el problema”, tranquiliza el experto. “En ciencia hay fraude como lo hay en todas partes. Con el tiempo, cuando nadie es capaz de reproducir los resultados, el fraude se acaba destapando”, asegura. «Esta mala ciencia cuesta dinero, pero socialmente no consigue hacer mucho daño”, concluye.