“En ciencia existe tal cantidad de información que está empezando a ser inefectiva y contraproducente”, advierte Joaquín de Haro. El especialista en Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Universitario de Getafe ha visitado los Desayunos Informativos de MedLab Media Group para analizar el estado actual de la investigación médica. La competencia editorial y el culto a la matemática son los grandes achaques del progreso científico.

“La tendencia de pensamiento en ciencia, como en política, es puramente anglosajona. Hay que convencer con números, la matemática está por encima de todo”, describe de Haro. Defiende el anguiólogo que “algo se pueda contabilizar no es una razón suficiente”. De Haro cuenta en su currículum con 27 estudios científicos, medio centenar de comunicaciones y ponencias, y la revisión de numerosas revistas internacionales. “Las matemáticas son mucho más flexibles de lo que creemos y eso puede ser un problema”.

Pone como ejemplo los anuncios de la Dirección General de Tráfico (DGT). Según las cifras oficiales a fecha de enero de 2018, el 24% de los conductores y pasajeros fallecidos en turismos y furgonetas no llevaba puesto el cinturón de seguridad. “Como eslogan no está mal, pero también se puede decir que el 76% de los fallecidos sí llevaba puesto el cinturón de seguridad”, ejemplifica. En este sentido, “las estadísticas son reales, pero el mensaje se puede malear”. La ciencia, «como la política», no está exenta de intereses ilícitos y manipulación numérica.

“Falsear datos no tiene consecuencias”

Para que un artículo científico sea publicado debe obtener el visto bueno de 2 revisores sin conflicto de interés con el material revisado. Frente a ello, contrapone otro en el que los revisores no tienen tiempo ni acceso a las fuentes. “Falsear los datos es relativamente fácil y no tiene consecuencias”, denuncia el angiólogo.

Salvo casos extremos de fraude o peligro para la Salud Pública, falsear datos “no tiene consecuencias mayores que perder el prestigio o el trabajo». Aunque no es justificable, una de las causas de mala ciencia es la presión a la que muchos investigadores médicos están sometidos. “Necesitan generar”, lamenta de Haro. “Su carrera profesional depende de su producción”.

Sin embargo, el fraude no solo salpica a los autores. “Los revisores o los editores pueden echar para atrás artículos científicos buenos. Están detrás de la misma hipótesis o exactamente la contraria”.

“Hace 20 o 25 años había un cuerpo consistente de publicaciones de prestigio y con filtros muy claros”, recuerda. “Ahora si no publicas en un sitio, publicas en otro y parece que tiene el mismo valor académico”, lamenta sobre lo que considera “un negocio más”.