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Diplejía espástica o cómo vivir pegado a unas muletas

Neurología. Neurocirugía

Alejandro Quintas tiene 30 años. Cuando aún era un bebé le diagnosticaron diplejía espástica, un tipo de parálisis cerebral que afecta a la marcha y la musculatura, en su caso de las extremidades inferiores. La ausencia del sentido del equilibrio, la falta de coordinación en sus piernas y las contracturas musculares no impiden a Alejandro disfrutar de lo que más le gusta: el deporte.

Este periodista, apasionado de las redes sociales, asegura a MedsBla que la enfermedad que padece está provocada por la misma espasticidad que hace que “el tono muscular sea alto”. Alejandro señala que la también llamada enfermedad de Little provoca que sus piernas permanezcan durante la marcha medio flexionadas y cruzadas en forma de “x”. Alejandro fue un niño prematuro. Destaca que la enfermedad que padece puede deberse a “la falta de desarrollo del aparato locomotor durante el embarazo”.

Método Bobath

Asegura que la diplejía espástica se la diagnosticaron a los pocos años de nacer, cuando los médicos se dieron cuenta de que presentaba dificultades para andar con normalidad. Desde su valoración como afectado por esta patología, nuestro protagonista sigue un tratamiento de fisioterapia llamado Bobath, basado en la distensión muscular y la relajación del tono muscular.

Se centra en los conocimientos de la neurofisiología y en la plasticidad del sistema nervioso central. Es, por tanto, un proceso interactivo entre paciente y terapeuta. “El fisio busca la actividad a partir de un alineamiento correcto. Los lleva a un contacto físico directo y continuo con el cuerpo del paciente, inhibiendo las respuestas inapropiadas y facilitando el movimiento o la función normal”, recuerda nuestro protagonista.

Las muletas: sus grandes aliadas

Alejandro destaca que, pese a la diplejía espástica, no tiene ninguna limitación en su día a día. “He aprendido a vivir, a relacionarme y a trabajar con normalidad. Igual que lo hace cualquier otra persona”. En ese sentido, recalca que no tiene la necesidad de tener nada adaptado a sus características. “La única diferencia es que me desplazo en compañía de unas muletas”, bromea.

Convive “perfectamente” con la diplejía espástica.  Ha aprendido a conocer sus límites y a superar las dificultades que se le presentan a diario. “Intento buscar otra forma de poder hacer las cosas: con paciencia y maña”. Reconoce que no está al día de los últimos avances científicos, si bien está convencido de que “se podrían realizar muchas investigaciones”. Aboga por el I+D+I porque facilitaría la estancia de las personas con movilidad reducida. Además, ayudaría a mejorar la vida de su familia y la de su entorno.

«No hay que sobreproteger a los hijos»

Alejandro cree que en 10 años estará “un poco más torpe” por “los achaques que puedan surgir”. No obstante, se ve con “ganas de luchar y seguir dando la misma guerra que hasta ahora”. Aconseja a los padres de los niños diagnosticados con diplejía espástica para que “los apoyen». Asimismo, incide en que los progenitores estén presentes en «cada uno de sus pasos» pero «sin sobreprotegerlos y sin caer en el victimismo”.  Por último, asegura que si los hijos notan todo ese apoyo, «se lo devolverán con creces”, al tiempo que “se sentirán orgullosos por ellos”.