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El linfoma Hodgkin me enseñó a relativizar la vida

linfoma Hodgkin
A Nuria le diagnosticaron un linfoma Hodgkin con 38 años que le hizo ver la vida de otra manera.
Oncología Médica. Oncología Radioterápica

Nuria tenía 38 años y unos mellizos casi recién nacidos cuando su vida dio un giro de 360 grados al diagnosticarle un linfoma Hodgkin con esclerosis nodular en estadio 2. Se encontraba bien, hacía una vida como la de cualquier mujer de su edad, trabajaba como odontóloga en distintas clínicas de Madrid, salía, disfrutaba de su familia, sus amigos y su marido hasta que un buen día notó que tenía un bulto en el cuello. El bulto estaba justo encima de la clavícula izquierda y era una masa dura, tal y como contó a MedsBla para la sección Ponte en sus zapatos.

«Me daba miedo ir al médico»

“Me apareció un bulto bastante grande, lo que me hizo pensar que era algo malo. No tenía ningún síntoma, no tenía fiebre, no tenía dolores, me sentía bien… solo tenía mucha tos, pero no le di importancia porque, al tener 2 niños pequeños, lo atribuía a eso”, recordaba Nuria. Pero esa tos sí estaba relacionada con su enfermedad. Nuria tenía el sistema inmunológico debilitado y eso le impedía curarse de un catarro que ella consideraba sin importancia. Algo emocionada, la dentista recordaba la sensación al tocar su bulto, que a simple vista ni siquiera se veía, pero que ella sabía que era el principio de algo.

“Tardé un tiempito en ir al médico porque sabía que era algo malo y me daba miedo. Me lo tocaba todos los días a todas horas… Yo sabía que no era bueno”, confesó Nuria.

Cuando por fin cogió fuerzas fue al centro de salud de su barrio de toda la vida y entró llorando a consulta. Lloraba porque presentía que el asunto era grave. Su médico de Atención Primaria trató de quitar importancia a la situación, pero la derivó al internista del Hospital Gregorio Marañón de Madrid con carácter prioritario. El “no te asustes que esto no requiere urgencia” no fue suficiente para tranquilizarla.

Estar enfermo es un trabajo en sí mismo

“Yo pensé que era la metástasis de un cáncer de pecho, de pulmón… bueno, en una semana pasé por distintos tipos de cáncer que se me ocurrían. Eso es lo que me asustaba.”, explicó la paciente. A raíz de su primera visita al internista del Gregorio Marañón, se sucedieron todas las pruebas pertinentes con mucha rapidez y en 2 semanas ya tenía los resultados. La paciente nunca olvidará la respuesta del médico cuándo le preguntó si lo que tenía era malo: “Podía ser peor”, respondió el doctor.

Al estar en un estadio precoz del linfoma Hodgkin, le pautaron 4 ciclos de quimioterapia cada 15 días, lo que hacía un total de 8 sesiones. Por suerte, a mitad de ciclo le comunicaron la buena noticia de que todo estaba yendo bien. Tras 2 sesiones más de quimio y 10 de radioterapia parecía que la vida le volvía a sonreír.

“El día que me diagnosticaron el linfoma me fumé los 10 cigarros que me quedaban de mi paquete de tabaco y no fui a trabajar porque psicológicamente no podía. Yo soy odontóloga, atiendo pacientes y ese día no estaba preparada para oír una queja sobre un dolor de muelas”.

Con una fuerza desgarradora, Nuria asumió todo lo que el médico le había dicho y decidió seguir trabajando hasta que el cuerpo le dijera “basta”, lo que no sucedió en ningún momento del tratamiento. Su pensamiento inicial fue que la enfermedad debería cambiar su vida lo menos posible pese a todo lo que implicaba: “Estar enfermo es un trabajo en sí mismo y absorbe todo tu tiempo: un día vas a consulta, otro día vas a hacerte análisis, otro te haces pruebas, otro a la quimio…”, reflexionó.

Vivir sin planificar

La enfermedad te cambia las prioridades y la vida. Esa fue una de las conclusiones de Nuria, una persona totalmente distinta a la que era antes del diagnóstico del linfoma Hodgkin. Cuando se le preguntó cuál fue su reacción nada más conocer la noticia, rápida respondió que asumir la situación y hacer caso a los especialistas.

“Ahora todo lo valoro más, banalizo los problemas y he aprendido a relativizar todo. Aprendí a vivir sin planificar porque no podía hacer planes del tipo este verano me voy a ir a… porque no lo sabía. Aprendes a dar importancia a lo que de verdad la tiene”, aseguró la paciente.

Los grupos de pacientes de las redes sociales fueron una ayuda. En ellos encontró una manera de compartir sus experiencias con personas en su misma situación, unos mejor y otros peor, pero unidos por un vínculo en común. “Mi salvación fue un grupo de Facebook llamado linfomas España. Contaban sus experiencias, preguntaban dudas, intercambiaban opiniones…”.

Recuerda que buscaba información en internet a destajo pese al típico consejo de no hacerlo. Se lanzó a la red como loca, con deseo de conocerlo todo sobre el linfoma Hodgking, pero sabiendo dónde buscar. Necesitaba conocimientos. Ahora, Nuria lleva una vida normal y es un claro ejemplo de superación. Un claro ejemplo de que la palabra cáncer no tiene por qué estar asociada a la muerte y un claro ejemplo de resiliencia, de que el ser humano es capaz de salir de situaciones duras y de que, por suerte, las enfermedades se curan.