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La pobreza acorta la esperanza de vida más que la obesidad

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Esta revisión es la primera que realiza una comparación entre la esperanza de vida de personas que tienen diversos estatus socioeconómicos y los factores de riesgo relacionados con la mortalidad establecidos por la OMS en el Plan de Acción Mundial para la Prevención y Control de Enfermedades no Transmisibles.

Este plan de la OMS se dirige a los 7 principales factores de riesgo: uso nocivo del alcohol, sedentarismo, obesidad, diabetes, tabaquismo, hipertensión, y la ingesta de sal o sodio, con el objetivo general de reducir un 25% la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles para el año 2025. Sin embargo, todavía no se encuentra la pobreza como factor de riesgo.

“Un nivel socioeconómico bajo es uno de los indicadores más fuertes de que exista una morbilidad y mortalidad prematura global en todo el mundo. Sin embargo, las estrategias de salud global no consideran que las circunstancias socioeconómicas de pobreza puedan establecerse como factores de riesgo modificables”, explican los investigadores en el estudio.

Según se refleja en dicha investigación, la pobreza no solo estaría incluida entre estos factores, sino que se situaría al mismo nivel, o incluso por encima de prácticamente todos ellos. Así, un nivel socioeconómico, en adultos de entre 40 y 85 años, reduce la esperanza de vida más de 2 años (2,1).

Esta cifra es superior a la observada en aquellos con un alto consumo de alcohol (0,5 años), obesidad (0,7 años), hipertensión (1,6 años) y parecida a la del sedentarismo (2,4). Solo el consumo de tabaco lo supera en cifras más elevadas, pues se ha observado que llegaba a reducir la edad media en 4,8 años.

Algunos investigadores, como Martin Tobias, médico de Salud Pública y epidemiólogo en el Ministerio de Sanidad de Nueva Zelanda, han querido hacerse eco del estudio en la propia revista The Lancet, y denunciar la falta de medidas mundiales para luchar contra este factor de riesgo evitable que ha quedado demostrado “en la ciencia rigurosa” y no en la “ideología política”.

Según explica Tobias, “intervenir en el estatus socioeconómico resolverá por sí solo el reto de modificar los estilos de vida poco saludables”. En su opinión, “tener un bajo rango social conlleva una incapacidad de determinar el propio destino, el uso privado de los recursos materiales, y las oportunidades referentes a las decisiones sobre su estilo y calidad de vida”.