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Los trastornos psicológicos deportivos dejan de ser tabú

Trastorno psicológico deportivo
El deporte de élite deja grandes secuelas y trastornos deportivos.
Medicina del DeportePsiquiatría

El vértigo al éxito, la depresión por bajar el rendimiento o un mal reconocimiento del trabajo, son algunos de los trastornos psicológicos deportivos más comunes, según EFE. La historia reciente del deporte de élite está mostrando las consecuencias negativas que puede dejar competir al máximo. Recientemente tenemos el ejemplo de la tenista española Paula Badosa tras ganar el Roland Garros júnior.

Tras el doble 6-3 que le endosó a su rival en la final del torneo francés, confesó en rueda de prensa los peores momentos de su temprana carrera en el tenis. “Pasé momentos de ansiedad y depresión. Además, perdí la ilusión de jugar al tenis, no disfrutaba”, afirma la tenista. Estas circunstancias se dieron hace cuatro años cuando comenzó a destacar y se crearon en torno a ella unas enormes expectativas.

Álex Abrines, una lucha contra el balón

El jugador de baloncesto estaba jugando al más alto nivel mundial en la NBA, pero cesó su relación con su herramienta de trabajo: el balón. Según el jugador, su cabeza se posicionó en contra del balón y tuvo que parar de jugar. Para dar a conocer su trastorno psicológico deportivo, decidió grabarse en vídeo y explicar a todos sus seguidores su historia de desamor con el deporte que se lo había dado todo.

“Querido Balón. Todo se rompió en mil pedazos. Empezaste a darme miedo, no te podía ni ver, incluso llegué a odiarte. Vernos era poco menos que una obligación. A la mínima oportunidad te esquivaba, solo quería huir de ti y de todo lo que te rodeaba”, relata Álex Abrines.

El final de los trastornos psicológicos deportivos

Ambos casos han tenido un final feliz. Badosa es la reciente ganadora del prestigioso torneo Roland Garros porque decidió reactivar su carrera de la mano de Xavi Budó, extécnico de Carla Suárez. “Ahora vuelvo a sentirme feliz tanto dentro como fuera de la pista”, afirma la tenista. Por su parte, Álex Abrines ha tenido un final diferente para reencontrarse con su deporte.

El mallorquín ha tenido que cambiar de continente, dejar de lado la mejor liga del mundo y volver a sus raíces en Barcelona. Aquí saltó a la fama y su buen rendimiento le permitió llegar a la NBA. Además, hace unas semanas anunciaba que se había vuelto a enamorar de la camiseta y que a sus 25 años ponía el contador a cero. “Necesitaba regresar al Barça para poder volver a disfrutar del baloncesto”, aseguró.