NOTICIAS DIARIAS

Margarita Salas: “No hace falta ser un genio para ser investigador”

Margarita Salas
Margarita Salas en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid.
Ciencia y Tecnología

Su éxito abruma. Margarita Salas puede presumir de tener la patente que más ha rentabilizado a España desde el punto de vista biotecnológico y económico al descubrir el bacteriófago ø29. Cientos de premios nacionales e internacionales, más de 300 publicaciones en prestigiosas revistas, poseedora de 8 patentes, unas 400 conferencias… Enumerar todos sus reconocimientos merecería una noticia aparte, pero de todos ellos, hay 2 que recuerda con especial cariño.

Uno, ser miembro de la Real Academia de la Lengua Española. “Imagina, un científico al que le nombran miembro de la RAE es especialmente importante”, señaló Margarita Salas. El otro, cuando la nombraron miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, una gran satisfacción teniendo en cuenta que era extranjera.

Su despacho diminuto, en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM), almacena su pasado y su presente. Repleto de papeles y libros, a sus 80 años sigue siendo el refugio al que acudir a diario salvo los jueves, día reservado para la RAE desde que ocupa el asiento i. Como ella dice, “ordenado en su caos” guarda parte del conocimiento de esta científica de la que España puede estar orgullosa.

Estudió Ciencias Químicas (1955-1960) en la Universidad Complutense de Madrid, pero su vida no siempre fue un camino de rosas. Margarita Salas no parece estar abrumada por el éxito. “Lo que hago, lo hago porque me gusta y compensa, y los reconocimientos, bienvenidos sean”, dijo la investigadora a MedsBla.

“Hay momentos en que las cosas no salen como uno quiere, pero trabajando con tesón y con paciencia se consiguen sacar adelante todo y obtener resultados satisfactorios”.

Trabajo, constancia y esfuerzo

Margarita Salas no sabe cuál es su coeficiente intelectual ni le importa. “No hace falta ser un genio para ser investigador”, aseveró muy segura de sí misma. Las claves del éxito: esfuerzo, tesón, trabajo, rigor experimental, cierta imaginación, unas dosis de paciencia y mucho entusiasmo. Pero no hace falta tener sobredotación para tener progresos.

Dedicada en cuerpo y alma a la investigación no tiene intención de quedarse en casa. En sus ratos libres, le gusta la música, leer, los museos, los conciertos y la tranquilidad. El ritmo frenético del trabajo lo redujo un poco cuando nació su hija, fruto de su matrimonio con el también químico, Eladio Viñuela. Madre tardía, añade a su lista de éxitos la maternidad.

La ciencia es su vida

Margarita Salas recordó que España está a la cola de la Unión Europea en lo que a investigación en Biología Molecular se refiere. “Es un problema muy grave. Los jóvenes no empiezan a investigar porque hay poco futuro o se van al extranjero. Si se van, no pueden volver. Hay que aumentar la financiación. Nuestros gobiernos tienen que tomárselo en serio y ver la importancia que realmente tiene”, aseguró con indignación.

“En España, se hace muy buena investigación. La Biología Molecular va bien encaminada, pero hay muy poca por la falta de financiación”.

Margarita Salas y su equipo (presume de haberse rodeado de grandes compañeros) estudiaron el bacteriófago ø29 desde todos los puntos de vista. Este minucioso estudio se centró en la duplicación del material genético y en cuando el fago infectó la bacteria produciendo la síntesis de un ADN polimerasa.

Al estudiar las propiedades de esta polimerasa, cuenta Margarita, vieron que era muy buena para aplicar en biotecnología, así que la patentaron. La licencia de explotación la obtuvo una empresa estadounidense y se sacaron varios kits para amplificar ADN circular y ADN genómico lineal. Esta patente ha supuesto para España un impulso económico y científico sin precedentes.

Invisible por poco tiempo

Pero no todo fue fácil. Una mujer en un mundo de hombres debía abrirse un camino que Margarita fue forjando poco a poco sin dudar jamás de sí misma. Por suerte, todo cambio cuando, después de conocer a Severo Ochoa, se marchó a Nueva York para trabajar con él y la trató “como una persona”, independente de su sexo. Amigo y mentor, fue para ella una influencia imposible de olvidar y de quien habla con cariño.

“Severo Ochoa siempre decía que lo que más sentía de morirse era no ver el futuro. Él vivió cosas muy importantes, como el nacimiento de la biología molecular, pero quería ver más allá y saber lo que podía pasar”.

Sí. Se sintió discriminada. Aunque en su equipo de trabajo todos eran hombres y ella era uno más, de cara al exterior era la “mujer de Eladio Viñuela”. Su marido, también químico, decidió apartarse del proyecto para que ella pudiera demostrar lo que valía. Al poco tiempo, dejó de ser la “mujer de” para adquirir un nombre propio, el suyo.

Recuerda especialmente el momento en que Alberto Sols, quién dirigiría su tesis doctoral por recomendación de Severo Ochoa, le hizo sentirse infravalorada  por ser mujer. El mismo Sols reconoció su error años después en un homenaje a la científica. “Cuando Margarita vino a mi laboratorio a pedir hacer la tesis doctoral, pensé… una chica… le daré algo sin importancia porque si no lo saca adelante no importa”. Para ella, que admitiera así sus palabras era suficiente reconocimiento a la discriminación.

“Lo pase mal durante la fase de mi tesis doctoral porque mi director, Alberto Sols, pensaba que las mujeres no estábamos capacitadas para la investigación. Me trataba como si fuera invisible”.

Por suerte, Margarita Salas considera que la discriminación en función del sexo no es como antes. “Hoy en día no pasa esto. Se sabe que las mujeres somos tan capaces como los hombres para hacer investigación y no depende del sexo, sino de la persona “

Volviendo a hablar de Severo Ochoa, recordó su rigor científico, su afán por controlar todo el trabajo del laboratorio y su calidad humana. “Todos los días nos pasaba a buscar a las 12 y comíamos con él. Hablábamos de ciencia, pero siempre nos preguntaba por lo que hacíamos, sobre todo los lunes tras el fin de semana”, añoraba la investigadora.

Margarita Salas no tiene intención de parar. Hasta que se coja sus merecidas vacaciones en agosto, seguirá acudiendo cada mañana a la Universidad Autónoma de Madrid. Allí le esperan sus libros, sus papeles, sus fórmulas y su química, una química que le ha hecho triunfar en la ciencia y en la vida.