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Menús de abordo: deshidratación y molestias digestivas

Cirugía General y del Aparato Digestivo

El principal problema de los vuelos, según el nutricionista, es la deshidratación que, a su vez provoca agotamiento y retención de líquidos. Además de sobre la necesidad de beber, -un vaso o 2 cada hora, antes y durante el vuelo-, Vidal pone la atención sobre los menús de abordo, ya que la comida también influye en la deshidratación del viajero.

“A 10.000 metros de altitud se produce un descenso de la humedad del 15% que afecta a la boca, la garganta y la nariz, partes imprescindibles para notar los sabores”, explica el experto citando un estudio de 2010 elaborado por la compañía de vuelo Lufthansa. A esta sequedad hay que añadir el hecho de que en un avión se pierde hasta el 30% del sentido del gusto.

Ambas circunstancias llevan a las compañías a compensar la falta de sabor con menús altos en azúcar y sal; esta última “contribuye a sufrir una sequedad aún mayor”, resume Vidal. Por otro lado, las frutas y verduras que podrían suponer una buena fuente de hidratación para el pasajero, “suelen estar ausentes en los menús de las aerolíneas, altos en carbohidratos”.

El café, el alcohol y los postres son “calorías vacías” que, mediante la deshidratación del cuerpo, contribuyen a la aparición de jet lag. No obstante, existe “un buen aliado” entre los alimentos que se sirven durante el vuelo, señala el nutricionista. Se trata de los aperitivos de frutos secos que, gracias a su alto contenido en fibra, evitan el estreñimiento.

Más allá de lo que a alimentación se refiere, el experto recomienda levantarse del asiento cada hora, como parte del ejercicio para facilitar la circulación intestinal, y evitar, en la medida de lo posible, el estrés. “Los momentos de nervios por retrasos o controles provocan una ralentización en el aparato digestivo”, justifica. En estos casos, “hay que intentar respirar profundamente y poco a poco”, para aportar oxígeno a la pared intestinal y regular su actividad.