Así lo ha denunciado la Organización Médica Colegial de España (OMC) en una nota de prensa en la que denuncia este “grave problema social” que “debe ser abordado desde un punto de vista multidisciplinar puesto que afecta a toda la sociedad”. Así mismo, han señalado la necesidad de “construir un entorno seguro donde desarrollar una profesión tan altruista como la Medicina que vela por un bien tan preciado como es la salud”. Para lograrlo, proponen, “las agresiones a médicos deberían considerarse delito de atentado a funcionario público, con penas de cárcel para el agresor”.

Si bien reconocen los “importantes pasos que los órganos judiciales de Castilla La Mancha han dado en la defensa de la integridad física y moral de los profesionales sanitarios”, también reiteran que “queda mucho camino por recorrer”. Por eso, además de respuestas legales, la OMC, en sintonía con el Plan General de Riesgos Laborales, propone dotar a todos los centros sanitarios de dispositivos básicos de seguridad, como cámaras de seguridad, botones de pánico o personal de seguridad.

“Nuestras vidas no tienen precio”

Isabel Ariza, médico de Atención Primaria en Castilla La Mancha desde hace más de 15 años, ha iniciado una cruzada a través de la plataforma de recogida de firmas Change.org en la que reclama al Dr. Jesús Fernández Sanz, consejero de Sanidad, la contratación de celadores y personal de seguridad en los centros de salud. Más de 700 firmas abalan ya esta iniciativa que pretende “ir más allá de las concentraciones a las puertas de los centros de salud”.

En la campaña, Ariza explica que “en los centros de salud debe atenderse a toda persona que llame a la puerta, pero, cuando abrimos, no sabemos si la persona que entra es más o menos agresiva”. Cuando la situación se desborda los recursos al alcance de los facultativos son escasos. “En algunos centros de salud como el nuestro, las puertas se cierran solo con unos pequeños cerrojillos del tamaño de los que se utilizan para cerrar las puertas de los cuartos de baño”, ejemplifica.

“Seguro que se han puesto en marcha algunas medidas de protección”, admite la médico de familia, “pero los profesionales que estamos en primera línea de atención y a los que nos mueve únicamente el interés por el paciente, estamos viendo cómo se siguen rompiendo puertas a puñetazos en nuestros centros y como compañeros son agredidos verbal o físicamente”, lamenta. “Hay mucho por hacer y en los últimos años no se ha hecho por razones económicas, pero nuestras vidas no tienen precio”, concluye.