El diagnóstico erróneo tiene consecuencias adversas para los pacientes, ya que se les deja de administrar un medicamento que podría ser necesario en el futuro, según ha explicado a la agencia EFE el doctor Lleonart, alergólogo del Hospital Bellvitge.  

Además, y por este motivo, se les administran otro tipo de fármacos que, en muchas ocasiones, pueden generar más resistencias o son más caros para el sistema público de salud sin razón que lo justifique. El alergólogo asegura que muchas de las reacciones adversas pueden ser un efecto secundario de la propia enfermedad, y ha subrayado que únicamente el 10% de las que llegan a las unidades de alergología son de tipo alérgico.

La penicilina y los antiinflamatorios comunes, ha precisado, son los fármacos que más veces son objeto de un etiquetado erróneo. Por este motivo, un buen diagnóstico es imprescindible para asegurar que no se dejará de prescribir un medicamento importante para la salud de pacientes.

Además, ha recomendado que las personas que sufran una reacción adversa durante un tratamiento deben acudir a su médico de cabecera para evaluar si podría tratarse de una alergia, en cuyo caso le derivaría al alergólogo.

El alergólogo realizaría, en primer lugar, una historia clínica de los antecedentes (anamnesis) dirigida para conocer la probabilidad de que un paciente tenga una alergia a un medicamento. Por otra parte, las pruebas cutáneas o de laboratorio también ayudan en el diagnóstico, si bien la prueba de exposición controlada con el medicamento, que se debe realizar en un centro hospitalario, es la que permitirá el diagnóstico definitivo.