Los científicos realizaron un cuestionario para conocer si las madres comían cacahuetes o alimentos que lo tuvieran durante el tiempo que estaban amamantando a sus bebés. Asimismo, preguntaron cuándo introdujeron este alimento en la dieta habitual del niño, con un periodo de seguimiento hasta los 15 años de edad de cada uno de los niños que componían la muestra.

Durante dicho periodo, los investigadores evaluaron si alguno había desarrollado alergias al cacahuete. Así, observaron que aquellos niños que habían nacido de madres con tendencia a comer cacahuetes mientras amamantaban y que, posteriormente, habían recibido cacahuetes en su dieta durante el primer año de vida tenían una tasa de alergia del 1,7% en comparación con el 9,4% del grupo que no había llevado a cabo estas medidas.

Los autores observaron que comer cacahuetes durante la lactancia no proporcionaba beneficios directos si esta práctica no se llevaba a cabo de manera simultánea a la ingesta infantil de frutos secos y viceversa. La ingesta de frutos secos antes de los 12 meses de edad no prevenía la alergia si no iba acompañada del consumo de leche materna de madres que comieran cacahuetes en su dieta habitual.

Los análisis de interacción confirmaron que el consumo materno de cacahuetes durante la lactancia y la ingesta infantil de dicho fruto seco durante los 12 primeros meses de vida eran factores que reducían el riesgo de alergia y de sensibilización si se utilizaban de manera combinada, en comparación con todas las otras combinaciones de consumo materno e infantil.