Este parásito produce giardiasis, una infección intestinal que causa diarrea, especialmente en niños de hasta 8 años de edad, debido a que todavía poseen un sistema inmunológico poco desarrollado. Se puede encontrar en el agua, los alimentos y el suelo, así como en lugares que hayan estado en contacto directo con desechos animales o humanos.

Una persona puede desarrollar la infección si se relaciona con alguien infectado, si bebe agua contaminada o si ingiere alimentos crudos o mal cocidos (frutas y verduras) que hayan estado en contacto directo con el parásito. La giardiasis es una de las enfermedades más comunes transmitidas por el agua.   

La diarrea es el principal síntoma y suele aparecer entre los 7 y los 14 días posteriores a la infección. Otros síntomas relacionados son dolor de cabeza, inapetencia, náusea, fiebre baja y pérdida de peso o de líquidos, aunque gran parte de los portadores no muestran sintomatología. En los casos crónicos puede provocar mala absorción y desnutrición.

Este protozoario unicelular se hospeda en el intestino humano y tiene el nucléolo más pequeño de todos los existentes en los organismos eucariontes, que además no se dispersa como la mayoría al reproducirse, por lo que se transmite al completo de generación en generación.

“Es un descubrimiento de ciencia básica, pero es relevante porque el nucléolo de Giardia es persistente, es decir, se mantiene muy concentrado y esto es importante porque es un indicador de actividad celular, así que la actividad del parásito se mantiene aún en la división celular cuando se reproduce”, ha explicado Luis Felipe Jiménez, investigador principal del estudio.

Casi todos los organismos unicelulares dispersan el nucléolo cuando la célula está en proceso de división, lo que reduce su actividad. “Para demostrar que en Giardia persiste, utilizamos herramientas como microscopía avanzada (con equipos ópticos y electrónicos), además de técnicas citoquímicas”, explicó.