La bronquitis y el asma guardan cierta relación. Sin embargo, es importante diferenciar estos 2 tipos de enfermedades respiratorias que son tan habituales en la población infantil, según indica la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). La bronquitis podría deberse a una infección provocada por un microorganismo que provoca la obstrucción de las vías aéreas mientras que, en el asma, las causas pueden ser muy variadas.

Los síntomas del asma se caracterizan por disnea y sibilancias debido al estrechamiento de las vías respiratorias, que se modificaban en función de la frecuencia y severidad de un sujeto a otro. Generalmente, el asma infantil suele producirse por una reacción alérgica ante ciertos compuestos, como los ácaros o el pelo de los animales. Sin embargo, existen infecciones víricas que pueden originar broncoespasmo o bronquitis, de ahí que puedan confundirse entre ellas.

Asimismo, los bronquios pueden ser muy reactivos a toda clase de estímulos como consecuencia de un daño crónico y mantenido en los bronquios. En estos casos, podrían cerrarse las vías respiratorias y originarse un broncoespasmo, conocido también como hiperreactividad bronquial. Por este motivo, es importante que el pediatra evalúe cada caso individual y valore las opciones cuando hay sospecha de infección, como en los casos que cursan con fiebre y expectoración espesa.

La SEICAP recuerda a los alergólogos que los casos de bronquitis o broncoespasmo suelen producirse por una causa infecciosa, vírica o bacteriana en el caso de los niños mientras que, en adolescentes y adultos, es más frecuente que la causa sea alérgica. Algunos síntomas, como toser, son normales en las infecciones infantiles de las vías respiratorias.

Sin embargo, en los casos en los que la tos persiste entre los 10 y los 15 días siguientes, el especialista debería valorar si existe una hiperreactividad o si se trata de una crisis de broncoespasmo. En el tratamiento del asma es importante resolver primero el episodio agudo con broncodilatadores o corticoides de vía oral y antibióticos (infección bacteriana), antitérmicos (infección vírica) y antihistamínicos (secundaria a alérgenos), según informan los expertos de la SEICAP.