La enfermedad de Lyme, provocada por la picadura de una garrapata que porta la bacteria Borrelia burgdorferi (B. burgdorferi), podría provocar síntomas que perduren a largo plazo a pesar de que se administren antibióticos. Los científicos de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, han identificado un mecanismo que activa las células T y que podría explicar el vínculo entre la enfermedad de Lyme y la artritis. El estudio ha sido publicado en Journal of Immunology.

Los investigadores identificaron un receptor de células T que interactúa con las moléculas en la superficie de la bacteria B. burgdorferi. La unión de ambas activa la producción de moléculas inflamatorias alrededor de las articulaciones y, con ello, la artritis. Algunas de las células T pueden interactuar con bacterias residuales que continúan en el organismo mucho después de la picadura de la garrapata, lo que produce un mecanismo autoinmune.

“Si pudiéramos suprimir la activación de las células T a corto plazo, podríamos ayudar a restablecer el mecanismo de control de la respuesta inmunológica en el cuerpo", explica Sarah Whiteside, autora del estudio e investigadora en la Universidad de Utah. Los autores informan que la mayoría de los pacientes se recuperan sin complicaciones tras la administración de antibióticos durante 2 o 3 semanas.

Los investigadores utilizaron un modelo de ratón que tenía deficiencia de interleucinas 10 (IL-10) y síntomas similares a los que padecen los humanos con artritis. Los ratones tuvieron un seguimiento de 18 semanas después de haber sido infectados con B. burgdorferi. A las 2 semanas, aumentó la concentración de células T y de marcadores de inflamación en el líquido articular de los ratones a pesar de las cantidades bajas e, incluso, indetectables de la bacteria en el tejido de la articulación.

El examen microscópico del tejido articular de los ratones mostró que el tejido que cubre la vaina del tendón era más grueso de lo normal como consecuencia de una acumulación de células que producen moléculas inflamatorias. La neutralización de dichas moléculas redujo la inflamación del tobillo y la gravedad de la artritis en los ratones. Los científicos explican que estos hallazgos podrían ser útiles para establecer una nueva forma de tratar a los pacientes que han pasado por la enfermedad de Lyme.