Especialistas en este tipo de intolerancias, como el doctor Félix González o la doctora Natalia López-Palacios, ambos del Hospital Universitario HM Madrid, consideran que la causa de este trastorno también puede deberse a un tratamiento con quimioterapia o con antibióticos. Si las causas son genéticas, lo más frecuente es que se desarrollen en la lactancia.

Es normal que al cumplir los 20 años muchos adultos muestren algún grado de intolerancia a la lactosa. Cuando la causa es congénita, dice la Natalia López-Palacios, no hay curación porque el individuo no recupera la enzima y los síntomas solo podrían aliviarse prescindiendo totalmente de los lácteos.

La intolerancia a la lactosa debida a causas secundarias relacionadas con una agresión de la mucosa intestinal es menos típica. Puede surgir después de un episodio agudo de diarrea, tras el tratamiento con antibióticos o con quimioterapia o después de una cirugía del intestino delgado, como se menciona arriba.

Síntomas de intolerancia a la lactosa

Pese a que hay grados distintos de intolerancia, no todas las personas reaccionan por igual, aunque hubiesen ingerido la misma cantidad de lactosa. Los síntomas más frecuentes son: gases, dolor abdominal, enrojecimiento perianal, retortijones, hinchazón abdominal, náuseas, heces pastosas, defecación explosiva o diarrea.

Los síntomas son los mismos en los bebés que en los adultos. Por lo general, suele afectar a niños que aún no han pasado los 3 años, y entre los síntomas se encuentran algunos típicos de la alergia como erupción cutánea con picor, moqueo, tos o sibilancias. Es habitual que esta alergia alimentaria desaparezca a medida que el niño crece.

El diagnóstico

El sistema más utilizado para diagnosticar la intolerancia a la lactosa es el Test de Hidrógeno Espirado que consiste en ingerir una cantidad concreta de lactosa. Si hay un aumento de hidrógeno medido en el aliento, quiere decir que la lactosa no ha sido digerida y se confirma el diagnóstico. Otros métodos son el Test Sanguíneo o el Test de Gaxilosa.

¿Hay que prescindir de la lactosa?

Más que eliminar la lactosa, se recomienda reducir su consumo, ya que la mayoría de los pacientes tolera hasta 12 gramos sin tener síntomas. Esto dependerá del grado de intolerancia. Lo que nunca se debe de olvidar es que hay muchos medicamentos y alimentos precocinados que incluyen lactosa en su composición.

Una alimentación sin lácteos tiene sus riesgos. Reducir o prescindir del consumo de leche conlleva a la osteoporosis o riesgo de fracturas. En estos casos, se recomienda consumir suplementos o alimentos con abundante calcio y tomar el sol para favorecer la absorción de vitamina D. Además, en el mercado se pueden comprar varias marcas de leche sin lactosa o con unas cantidades reducidas.