A estas conclusiones se ha llegado después de analizar a 639 adultos durante casi 20 años y comprobar que los niveles de IgA (inmunoglobulina A) descendían a medida que empeoraba el estado de salud del paciente. La inmunoglobulina A es uno de los anticuerpos más comunes en el organismo y se encuentra en altas concentraciones en la saliva y las lágrimas, además de las vías respiratorias y tracto gastrointestinal.

El sistema inmunológico utiliza los anticuerpos, secretados por los glóbulos blancos de la sangre, para combatir todo tipo de infecciones. De esta manera, los niveles de IgA podrían tenerse en cuenta para validar la salud de los pacientes en chequeos rutinarios al resultar menos invasivo que las muestras de sangre que se vienen realizando actualmente.

La doctora Anna Phillips, de la Universidad de Birmingham, asegura que hay ciertos factores que influyen en la producción de anticuerpos. Aunque hay algunos que se escapan al control médico como la edad, la herencia o la enfermedad, hay otros que el paciente sí podría tener controlados, como el estrés, la dieta, el tabaco, el ejercicio o el alcohol e interfieren en los niveles de anticuerpos.

Aunque tomar muestras de saliva en simples reconocimientos médicos todavía no es una realidad, en un futuro podría ser un indicador temprano muy útil para controlar la salud de las personas.