El dispositivo de medición biológica se compone de una pareja de anticuerpos para las principales proteínas alergénicas del cacahuete; concretamente la Ara h 1 y Ara h 2. Para evitar la reacción inmunitaria, la persona no alérgica deberá comprobar la seguridad de su saliva antes del beso.

En el caso de obtener una respuesta peligrosa para el paciente hipersensible, se podrá determinar el tiempo de espera necesario para que el alérgeno de la semilla desaparezca completamente de la saliva, tal como explican los investigadores.

La efectividad de los biosensores se ha puesto a prueba en numerosos ensayos clínicos, tanto en muestras de comida como en saliva, según explica José Manuel Pingarrón, catedrático del departamento de Química Analítica de la UCM y autor principal de los papers.

El primero de los dispositivos, capaz de identificar únicamente la proteína Ara h 2 ha sido testado en alimentos. Otro prototipo, el biosensor pensado para identificar los dos prótidos de forma simultánea ha obtenido resultados preliminares satisfactorios tanto de muestras salivares como alimenticias, asegura la coautora Susana Campuzano.

El biosensor más desarrollado, que dirige su atención a la proteína Ara h 1, ha sido validado en un estudio de fluido salival. Los dos voluntarios, no alérgicos, fueron examinados cada 15 minutos después de haber consumido bocadillos untados con mantequilla de cacahuete.

La herramienta fue capaz de detectar las trazas del fruto seco a partir de los 5 minutos tras el consumo de la sustancia. Se trata del momento en que los niveles de alérgeno son más elevados. Después, progresivamente, las cifras van descendiendo hasta ser prácticamente indetectables a los 60 minutos, cuando el beso vuelve a ser seguro.