“Se ha demostrado que algunas bacterias intestinales de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium segregan o modulan sustancias neurotransmisoras como GABA, acetilcolina o serotonina, implicadas en la regulación de muchos procesos fisiológicos y neurológicos cuya disfunción se relaciona con ansiedad o depresión”, explica a la agencia SINC Carmen Peláez, jefa del grupo Biología Funcional de Bacterias Lácticas del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación CIAL-CSIC (Madrid).

Las primeras revisiones sobre la capacidad de los psicobióticos para ayudar en las enfermedades psiquiátricas no fueron muy esperanzadoras debido a la falta de pruebas concluyentes. Algunos estudios más recientes, analizaron el impacto de ciertos probióticos en personas con depresión, en las que se observó que obtenían una mejor puntuación en el Inventario de Depresión de Beck.

En relación a estos últimos estudios, Francisco Guarner, investigador jefe del área de Microbiota Intestinal y Probióticos del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), asegura a SINC que “los resultados demuestran efectos beneficiosos significativos. Sin embargo, los probióticos que usan no están bien caracterizados: indican la especie (Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus casei y Bifidobacterium bifidum) pero no la cepa”.

Una de las últimas investigaciones realizadas con la bacteria Bifidobacterium longum 1714 se llevó a cabo con 22 hombres a los que se les administró dicho probiótico y placebo. Tras 8 semanas, los científicos analizaron sus respuestas al estrés, así como su actividad cerebral y cognitiva con diferentes cuestionarios y electroencefalografías.

Los resultados fueron positivos porque mostraban que “el probiótico tiene efecto en algunos parámetros. El Bifidobacterium longum 1714 se ha empleado en muchos estudios previos con modelos animales”, asegura Guarner a la agencia SINC. Sin embargo, y a pesar de observar estos efectos positivos, la razón por la que los psicobióticos afectan a la psique sigue siendo dudosa.

Algunos investigadores consideran que los microorganismos actúan directamente sobre el sistema nervioso entérico que, al mismo tiempo, se relaciona con el cerebro. Otro posible mecanismo estaría relacionado con el sistema inmunológico intestinal, el cual modifica el sistema nervioso central.

Una tercera opción se basaría en la producción de metabolitos que se reparten por el cerebro o bien todas estas opciones a la vez. Es posible que incluso existan más vías involucradas y que se descubran en futuros estudios, según asegura Paul Enck, miembro del Comité Directivo de la Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad (ESNM, por sus siglas en inglés).

Según indican los expertos, los psicobióticos podrían ser una alternativa terapéutica para aquellos pacientes con trastornos psiquiátricos que no encuentran una solución definitiva en la medicación prescrita por su médico, bien porque no terminan de acostumbrarse, por los efectos secundarios o por la ineficacia en su caso concreto y particular.