Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizaron 1.037 casos desde su nacimiento (1972-1973) hasta la edad adulta durante, al menos, 40 años. Los participantes se sometieron a pruebas alérgicas de punción cutánea a los 13 y 32 años de edad, para saber si se habían producido cambios a lo largo de los años.

A los 13 años, aquellos que solían chuparse el pulgar o morderse las uñas dieron positivo (38%) en, al menos, un alérgeno en comparación con el 49% que no tenía ninguna de estas prácticas. Si tenían ambos hábitos orales, el porcentaje disminuía al 31%.

A los 32 años, los resultados se mantenían a pesar de tener en cuenta otros factores como el sexo de los sujetos, sus antecedentes de alergia o de hábito de fumar en los padres, tener una mascota en la infancia o haber sido alimentado con leche materna.

Ello sugiere que la inmunidad creada en la infancia por contacto oral podría provocar un beneficio a largo plazo y perdurar hasta la etapa adulta, independientemente de otros factores ambientales, sociales y hereditarios.