Tal como recoge la Revista Multidisciplinar del Sida (RMdS), los pacientes infectados que desconocen su condición, son responsables de más de la mitad de las nuevas infecciones que se producen en el país. Por eso, expertos como Rafael C. Puentes Torres, del Centro de Salud Frölunda-Närhälsan de Gotemburgo (Suecia) proponen realizar búsquedas oportunistas del virus y aumentar los cribados en Atención Primaria.

“El problema es que los métodos actuales de detección están basados en ‘grupos’ y ‘situaciones’ de riesgo; conceptos obsoletos dado el amplio abanico de prácticas y orientaciones sexuales que existen hoy en día”, defiende el experto, “muchos pacientes rehúsan someterse a la prueba y niegan en la consulta prácticas sexuales que la sociedad rechaza”.

“Efectivamente, el diagnóstico precoz sigue siendo un asunto pendiente”, coincide Angels Jaen Manzanera, miembro de la Fundaciò Docència i Reserca Mutua de Terrassa, en Barcelona. Advierte además que, “el 50% de los nuevos diagnósticos se produce de forma tardía con las consecuentes implicaciones en la salud de las personas, en la continuidad de la transmisión de la infección y en los costes sanitarios”.

Frente a esta situación, proponen realizar búsquedas oportunistas del virus y cribados rutinarios que eliminen los estigmas asociados a la prueba serológica y terminen con el infradiagnóstico de VIH. De esta forma, durante la consulta, el médico “aprovecharía una analítica solicitada por otro motivo para incluir una prueba adicional de VIH”, ejemplifica Puentes.

El estudio, realizado junto a Cristina Aguado Taberné, del Centro de Salud Santa Rosa de Córdoba, ha demostrado la efectividad de este método en poblaciones con más de un 0,1% de prevalencia de VIH, como es el caso de España.

La Atención Primaria, un punto clave

Los médicos de familia constituyen un sector imprescindible para implementar las estrategias preventivas “debido a la estrecha relación médico-paciente y a la mayor accesibilidad de estos médicos a la población general y a colectivos que, aunque vulnerables, no son tan evidentes para otros especialistas”, asegura Jaen refiriéndose, por ejemplo, a inmigrantes irregulares o personas con múltiples parejas sexuales, entre otros.

Aun así, recuerda, “existen barreras que han de abordarse, como son las falsas creencias de percepción de riesgo, tanto de la población como de los propios profesionales de AP, el todavía existente tabú para abordar las situaciones de la esfera sexual, y las dificultades organizativas de los centros para que los profesionales puedan disponer de tiempo, formación y medios para abordar este problema”, reflexiona.

En cualquier caso, “hay que seguir trabajando en esta línea e ir más allá”, defiende, “las recomendaciones de cribado deben ser más específicas y amplias a nivel de los centros de atención básica y se deben implementar estrategias complementarias; solo así conseguiremos dejar de perder oportunidades para reducir la infección y disminuir el diagnóstico tardío por VIH”, subraya.