El riesgo que corren tanto la madre como el feto depende de la enfermedad autoinmune sistémica de la que se trate. Si tomamos como ejemplo el lupus eritematoso sistémico o el síndrome antifosfolipídico, podemos especificar que ambas afectan tanto a la madre (y supone un riesgo vital) como al desenlace del embarazo. En el síndrome de Sjögren, por otro lado, el peligro es para el feto pues su desarrollo puede verse afectado por ciertos anticuerpos.

Sin embargo, la Dra. Paloma Vela, jefa de Sección de Reumatología del Hospital General Universitario de Alicante, señala hay que tener en cuenta de qué enfermedad se trata y de cómo afecta esta al paciente. Subraya la importancia de individualizar cada caso pues se pueden dar situaciones excepcionales que requieran procesos y tratamientos específicos para lograr que madre e hijo estén ambos a salvo.

Las enfermedades autoinmunes comparten ciertos parecidos, pero se trata de un grupo heterogéneo de enfermedades cuya incidencia, pronóstico, manifestación clínica y tratamiento se diferencian de forma notable. Por eso, la doctora Vela insiste en la necesidad de que un equipo de expertos controle ciertos aspectos del embarazo y compruebe el seguimiento por parte del paciente de la programación asignada.

La formación de equipos multidisciplinares y el aumento de la sensibilidad por parte de los profesionales sanitarios hacia el deseo de los pacientes de ser padres garantiza una mejora en el proceso y una mayor probabilidad de éxito. Es necesaria una buena comunicación y coordinación entre médico y paciente.

En el encuentro Curso Postgraduados. Taller de actualización para jóvenes reumatólogos también se han abordado otros temas. Entre ellos destacan el tratamiento de las espondiloartritis, la utilización de los índices de actividad de pacientes con artritis reumatoide en el día a día de la práctica clínica y el uso de las redes sociales por parte del sector profesional, entre otros temas.