Los retardantes de llama bromados (BFRs, por sus siglas en inglés) son unos compuestos muy utilizados en productos como televisores, móviles, muebles y plásticos, que se añaden con el objetivo de reducir su inflamabilidad. Estos compuestos se vuelcan en los océanos a través de desechos, residuos o vertidos de las fábricas que lo producen.

“Estos contaminantes llegan al medio marino y son ingeridos por peces y moluscos. Al ser sustancias lipolíficas no se pueden excretar, se quedan en las grasas y, entonces, cuando nos comemos una pieza de atún, por ejemplo, ingerimos estos compuestos, que quedan en nuestro cuerpo. Tanto es así que se han detectado también en leche materna en bajas concentraciones”, explica Carlos Sales, investigador de la UJI.

Las concentraciones bajas no generan un problema en el momento de la ingesta, sin embargo, su acumulación puede provocar problemas a largo plazo como carcinogénesis, disrupción endocrina y problemas neurológicos, por lo que su monitorización resulta de especial importancia. De hecho, la Unión Europea ha puesto en marcha diversas medidas para limitar o prohibir el uso de estos compuestos.

El sistema creado utiliza una novedosa fuente de ionización química a presión atmosférica (APCI) para determinar la presencia de los contaminantes emergentes de una manera más eficaz que las técnicas ya conocidas, pues posee una mayor sensibilidad, con límites de detección entre 10 y 50 veces más bajos, y una mejor selectividad, al tener más precisión y menos margen de error.

Las técnicas utilizadas anteriormente utilizaban la fuente de ionización electrónica (EI) para fragmentar las moléculas y crear iones cargados que puedan ser detectados. Sin embargo, con estas técnicas se crean iones idénticos para diferentes compuestos, lo que provoca que su selectividad tenga limitaciones. Además, “con el impacto electrónico casi nunca se llega a ver toda la molécula entera, y puede dar lugar al mismo fragmento para compuestos con diferente número de átomos de bromo”, explica Sales.

La APCI utiliza un gas (nitrógeno) que se carga y colisiona contra las moléculas que se quieren ver, ionizándolas indirectamente. La molécula se carga como consecuencia del choque y no de la descarga eléctrica directa, por lo que no se llega a romper; de ahí que se considere como ionización suave.

“Es una técnica más sensible y selectiva, ya que, al tener la molécula entera, se puede detectar con mayor grado de confianza si en esa muestra hay contaminante y en qué proporción”; una técnica cuyo procedimiento se enmarca dentro de la cromatografía de gases acoplada a espectometría de masas (GC-MS).

Este sistema podría minimizar los costes derivados del análisis, pues su mayor capacidad hace que no sea necesario utilizar la mitad de los materiales que se necesitan habitualmente. Los resultados se publican en la revista Analytical and Bioanalytical Chemistry.