Aunque la comunidad científica no ha descrito aún las causas subyacentes del lupus neuropsiquiátrico, numerosos estudios previos sugieren que la neuroinflamación y la neurodegeneración juegan un papel fundamental en el desarrollo de esta patología, que afecta a casi el 50% de los pacientes con lupus eritematoso sistémico.

Partiendo de esta base, y teniendo en cuenta que la recuperación del sistema nervioso central se ve limitada por la acción del inhibidor de la proliferación de las neuritas asociado a la mielina (Nogo-A), los autores se propusieron estudiar el vínculo entre dicha proteína, su receptor NgR1 y el desarrollo de lupus neuropsiquiátrico.

Por un lado, demostraron que la Nogo-A solo estaba present, en cantidades significativas, en el líquido cefalorraquídeo de pacientes con lupus neuropsiquiátrico y no en sujetos con otro tipo de trastornos autoinmunes y neurodegenerativos lo que sugiere que la proteína está asociada con la patogénesis de la enfermedad.

Por otro lado, el equipo trabajó con un modelo animal de lupus que mostraba síntomas de trastorno cognitivo. A medida que los roedores envejecían aumentaba la inflamación nerviosa en paralelo a los niveles de Nogo-A. Los ratones afectados por lupus neuropsiquiátrico exhibían niveles aumentados de proteínas proinflamatorias en el cerebro y mayor destrucción de las vainas de mielina.

En este punto, los investigadores trataron a los ratones con NEP1-40, un inhibidor de Nogo-A que logró reducir los niveles de proteínas proinflamatorias mejorar la reparación de la mielina y restituir parte de la función cognitiva, en comparación con los roedores no tratados. Los resultados podrían dar lugar a un nuevo enfoque terapéutico para pacientes humanos de lupus neuropsiquiátrico.