De acuerdo con el estudio, hay cada vez más pruebas de que los deportistas han vuelto a usar las transfusiones de sangre para incrementar artificialmente el suministro de oxígeno a los músculos y así mejorar su rendimiento. Las transfusiones de sangre alogénica o el uso de EPO se detectan fácilmente; no es el caso de las transfusiones de sangre autóloga o autotransfusiones.

Estas se controlan actualmente haciendo un seguimiento individual de las variables hematológicas del deportista a través de su pasaporte biológico; un método que necesita perfeccionarse, ya que hay factores que pueden influir en esas variables, como el estrés, una enfermedad o los cambios de altitud. El desarrollo de la Genómica y la Transcriptómica abre nuevas posibilidades en ese sentido.

Los investigadores, liderados por Nicolas Leuenberger (Universidad de Lausana, Suiza), proponen aplicar nuevos biomarcadores para detectar el dopaje, combinados con enfoques matemáticos. Esos biomarcadores podrían ser proteínas como la hepcidina, implicada en el metabolismo del hierro, que se altera con las reinfusiones de sangre. La presencia de plastificantes en la orina procedentes de las bolsas de sangre es otro posible indicador.

Según recoge Science Daily, el científico apuesta por incluir diferentes fuentes biológicas en el pasaporte biológico para hacerlo más fiable. “La combinación de biomarcadores longitudinales mejora la precisión del diagnóstico en comparación con el uso de un solo marcador”, señala el especialista, para el que dicha combinación supone una “potente herramienta” de Medicina personalizada.