El doctor Agustín Acevedo es uno de los muchos médicos que no pasa consulta. Jefe del servicio de Anatomía Patológica del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, acumula más de 25 años de experiencia en un campo de la Medicina tan imprescindible como desconocido. “El problema es que somos una especialidad oculta”, sentencia nada más empezar la conversación, en un despacho situado en los bajos del centro madrileño, junto a un laboratorio por donde pasan cada año miles de muestras de tejido.
“El ser humano tiende a minimizar y despreciar aquello que no conoce”. Y eso, dice, ocurre a menudo con la Anatomía Patológica. “Es muy raro que un médico no patólogo sepa de verdad lo que hace un patólogo, lo que puede hacer y lo que no puede hacer”. Muchos están “absolutamente incapacitados” para interpretar dichas muestras (“pero sí pueden leer una radiografía”) y otros no saben que para diagnosticar un carcinoma inflamatorio de mama, por ejemplo, hace falta una biopsia, nunca una punción-aspiración.

Especialidad desconocida

Se trata, según el doctor Acevedo, de un problema de base que tiene mucho que ver con la historia de la especialidad; nació en el ámbito académico y, en el caso de España (donde el primer servicio de Anatomía Patológica moderno se abrió a principios de los años 60 del siglo XX), se concibió como una disciplina “muy descriptiva, muy basada en la autopsia, muy de tipo alemán”, alejada completamente de lo que es en la actualidad.

«Un cáncer no es cáncer mientras no lo ponga un patólogo en un papel con su firma».

Hoy día, en esencia, los patólogos observan los cambios en los tejidos, aplicando su conocimiento y su experiencia para llegar a “la parte más importante”, el diagnóstico; eso que responde a la pregunta “Doctor, ¿qué tengo?”. “Es una presunción sobre lo que le va a ocurrir al paciente a partir de ese momento. Una conjetura sobre el futuro de una lesión” que requiere interpretación, “y como toda interpretación, subjetividad”.

Horizontalidad

“Un cáncer no es cáncer mientras no lo ponga un patólogo en un papel con su firma. Que eso sea subjetivo da mucho miedo, pero la vida es así. No es la única actividad humana que depende de la subjetividad”, comenta el médico, que trabaja codo con codo con genetistas y biólogos moleculares. La suya es una especialidad “horizontal”, que está en contacto con casi todas, y sobre todo con las citadas; los 3 buscan pistas de enfermedades en los tejidos y es el patólogo quien recaba la información y elabora el diagnóstico.
“Esto necesita dedicación, tiempo, intercambio de información”. Algo, esto último, cada vez más fácil, gracias a las nuevas tecnologías y la patología digital, que permite ver la imagen de una muestra en cualquier pantalla y compartir un archivo en un clic. “Los gerentes ven muchas posibilidades”, pero Acevedo tiene claro que, en contra de las tendencias de gestión actuales, los patólogos tienen que estar lo más cerca posible del resto de clínicos y de los pacientes.

Sin paciente no hay patólogo

“Si al mirar esta pantalla no piensas que lo que está detrás es un paciente, estás equivocado. Si pierdes de vista que ese paciente está jodido, esperando un tratamiento, y no te lo tomas como una necesidad que te obliga a tomarte todo el interés por él, jamás vas a ser un buen patólogo, más vale que te dediques a otra cosa. Es esencial no perder eso de vista”, añade el facultativo, que cada vez atiende directamente a más personas que “quieren saber”.
“Si no quieres tratar con pacientes, tienes un bloqueo psicológico, y si tienes ese bloqueo, no puedes ser éticamente válido viendo biopsias», agrega, reconociendo que la ética a veces se deja de lado más de lo conveniente. “En algunos hospitales se adoptan decisiones que llevan a contratar horas extras en vez de tomar decisiones estructurales que resuelvan los problemas, como contratar citotécnicos donde no los hay o promover la formación continuada. Eso no quiere decir que no haya gente que esté trabajando muy bien, pero también se hacen cosas mal y hay que decirlo”.
La clave, recalca, está “en la mente de la gente que trabaja en el sistema, de todos nosotros”. Pese a la autocrítica, reivindica el papel de los cada vez más escasos patólogos. “Esto ha pasado de ser una especialidad donde había paro, a ser una especialidad con oferta de trabajo. El problema en la Sanidad es que hay mucha oferta de trabajo, pero muy malos empleos”. Con este panorama, no piensa en la jubilación. “Moriré al pie del cañón, delante de una biopsia intraoperatoria”, bromea.