“La fotografía ha estado ligada a la Anatomía Patológica desde el principio”. Con esta afirmación comenzaba la ponencia Introducción, Legislación, Proceso de Formación y Fotografía impartida por el doctor Luis Alfaro durante la XLI Reunión Nacional de la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP). “En nuestra especialidad las fotos tienen que ser bonitas y llamativas, tienen que gustar, incluso, a los pacientes que las ven”, reiteraba el patólogo en la entrevista con MedLab.email.

“En un hospital público, los informes van directamente de los patólogos a los clínicos, pero en un centro privado llegan a manos del paciente”, justifica el experto del Hospital Nisa Rey Don Jaime de Castellón. “Muchas veces los pacientes están en plena duda de si su proceso es benigno o maligno, y recibir un informe que no entienden puede hacer el momento aún más angustioso”. En esta situación, y aunque el paciente no sea capaz de interpretarla, “una fotografía es un valor añadido, una confirmación de lo que está escrito”.

Para Alfaro, que se declara un entusiasta de las tecnologías de la imagen, prescindir de la fotografía no es una opción para los patólogos. “Radiólogos, ecografistas, endoscopistas… la mayor parte de las especialidades ya están incluyendo la imagen médica, con más razón debemos hacerlo nosotros que basamos el diagnóstico en la propia imagen”, defiende: “El patólogo ya no estudia en el microscopio, sino en la pantalla del ordenador”.

Mientras algunos especialistas, como los radiólogos ya han culminado el proceso de cambio y se encuentran completamente digitalizados, “los patólogos estamos empezando, con la dificultad de que los volúmenes de información que nosotros manejamos son muy muy superiores”, recuerda. En este camino de modernización, Alfaro admite que, muchas veces, los técnicos especializados en Anatomía Patológica (TEAP) son más receptivos que el patólogo de 60 años que no quiere soltar el microscopio.

El paso más importante: la interacción con oncólogos

En este sentido, el experto ha celebrado la incorporación, en los últimos años, de técnicas de digitalización y otros avances que “ya forman parte del diagnóstico de rutina de muchos hospitales”. Entre ellos, el más destacado para Alfaro es el escáner de preparaciones microscópicas, ya que, al trabajar desde el ordenador, “estés donde estés tienes acceso a toda la preparación y diagnóstico, con una calidad incluso superior”. Sin embargo, matiza, “esto es solo a nivel de manejo diario, la aportación científica más importante es la interacción con los oncólogos, lo otro son aspectos técnicos”.

Por otro lado, el experto ha señalado la medicina individualizada, los biomarcadores y el diseño de dianas terapéuticas como puntos clave del futuro de la patología. “La especialidad está evolucionando hacia la secuenciación, hacia la genética, hacia la detección de mutaciones, pero aún no sabemos qué provecho vamos a ser capaces de sacar de estas técnicas”, reflexiona. Según el experto, en este futuro próximo de la patología, el cáncer de pulmón desbancará al de mama en cuanto a investigación y notoriedad pública.

“Los nuevos fármacos contra el cáncer de mama ya tienen un poco más de antigüedad que los nuevos fármacos de pulmón, por tanto, se está desviando el interés de los oncólogos y, sobre todo, de las farmacéuticas”, ejemplifica. No obstante, “los nuevos fármacos tienen un precio tan desorbitado y los oncólogos tienen una importancia tan grande en la relación con los políticos que son capaces de acaparar más fondos de lo que debieran con relación al resto de la sanidad”, considera Alfaro, “se están dedicando muchos fondos a prolongar pocos meses la supervivencia de pacientes terminales a cambio de listas de espera de hernia, cataratas o problemas articulares; simplemente por la capacidad de presión”.