Según explica la compañía en una nota, la fibrosis pulmonar idiopática no es fácil de diagnosticar, ya que comparte síntomas (tos o disnea, entre otros) con otras patologías más prevalentes, como la EPOC o la insuficiencia cardiaca.

“El tiempo medio que se tarda en diagnosticar este tipo de enfermedad puede superar los 2 años y lo que es aún peor, la mitad de los pacientes pueden tardar hasta 4 años”, señala Myriam Aburto, especialista del Servicio de Neumología del Hospital de Galdakao (Usansolo, Vizcaya).

Diagnóstico diferencial

“El médico debe tener presente la enfermedad y solicitar una tomografía computarizada torácica para evitar así que el diagnóstico se confunda con otras patologías respiratorias”, añade la experta, una de las coordinadoras de la jornada, en la que se destacado la falta de tiempo en las consultas como uno de los principales problemas a los que se enfrentan los especialistas que abordan la fibrosis pulmonar idiopática.

Los pacientes afectados necesitan requieren seguimiento constante, una circunstancia que satura las consultas, según Aburto, que reivindica el papel de la enfermería. “Este profesional sanitario es una herramienta muy útil que nos ayuda a educar y detectar estas complicaciones, pero no está disponible en todos nuestros hospitales”, lamenta.

De acuerdo con la especialista, hasta 2014 no había un tratamiento eficaz para la fibrosis pulmonar idiopática. La aparición de los antifibróticos ha permitido retrasar la progresión de la enfermedad en pacientes leves y moderados, frenar la caída de la capacidad pulmonar, reducir el número de complicaciones y mejorar la supervivencia del paciente.