Actualmente, patólogos y redes sociales parecen ser realidades antagónicas: el miedo a perder la autoría de los contenidos, la preocupación por trasgredir la privacidad de los pacientes o la sospecha de llegar a convertirse en adictos a las redes sociales hace que los especialistas en Anatomía Patológica no estén aprovechando las oportunidades laborales que brindan comunidades como Facebook, Twitter, Linkedin o Instagram.

No obstante, esta tendencia está cambiando. Prueba de ello es el creciente número de publicaciones científicas que prestan atención a la influencia y utilidad de las redes sociales o el hecho de que la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP) haya incluido, entre las ponencias de su XLI Reunión Nacional, el curso Redes Sociales para Patólogos.

“Para hacernos una idea de cómo han calado las redes sociales en la ciencia, basta mencionar que, hace poco, la revista Diagnostic Cytopathology puso un tuit como su foto de portada”, recordó Eduardo Alcaraz, del Hospital Universitario Morales Meseguer. Durante el curso, al que asistió MedLab.email, el experto aseguró que, “ahora mismo, en Twitter están desde las plataformas científicas más importantes, hasta patólogos experimentados o patólogos de batalla que comparten sus casos diarios”.

Plagio, cotilleo y otros miedos del patólogo

Frente a estas comunidades tan nutridas de especialistas, pero abiertas a su vez al público general, suele aparecer el “miedo al cotilleo”, admitió Alcaraz durante su ponencia. “Muchos patólogos no usan Facebook porque no saben que existen grupos cerrados en los que solo participan profesionales de su especialidad y que ni si quiera ellos podrían ver la información personal de sus muros”. Sin embargo, el hermetismo y la privacidad absoluta no pueden ser una opción en las redes sociales.

“Muchos patólogos temen que si publican fotos de calidad se las pedirán para ponencias y trabajos o, simplemente, se las cogerán y, efectivamente, así es”, sentenció la experta del Hospital Universitario La Paz, Laura Guerra. “Hay que pensar que, si eso sucede, el patólogo tendrá sus fotos publicadas en sitios que, de otra manera, podría no alcanzar”, animó la experta; además, “siempre se puede poner una marca de agua para salvaguardar la autoría”.

Respecto a la privacidad de los pacientes, aclaró, “es totalmente lícito publicar imágenes microscópicas y macroscópicas siempre que no estén identificadas”. Esto no se limita a borrar los números de la muestra, sino que también es recomendable evitar expresiones temporales (“mañana llegará el tejido”), de género (“la paciente”) o cualquier otra “pista”: “No digas nada que no quisieras ver en la portada de un periódico”, resumió Guerra. En cualquier caso, la experta recomienda consultar el decálogo de recomendaciones del ICOMEM.  

Respecto a la dedicación al nuevo entorno, la ponente reiteró que “no es que las redes sociales funcionen solo si les dedicas horas; 10 minutos ya son más útiles que nada”. Para aquellos patólogos que se hayan animado a introducirse en el mundo de las redes sociales, Lara Pijuan, del Hospital del Mar, recomendó la cuenta de discusión y casos clínicos Online Pathology Journal Club (@path_JC, en Twitter).