“La gestión eficaz del dolor después de la artroscopia es un componente esencial para la recuperación, la rehabilitación y la satisfacción del paciente”, defiende Kevin Freedman, autor principal del estudio que publica The American Journal of Sports Medicine.

Con el objetivo de “proporcionar una visión global sobre el dolor posquirúrgico”, los investigadores realizaron una revisión literaria sistemática de 40 ensayos controlados aleatorizados que comparaban 2 o más modalidades de tratamiento del dolor, incluyendo la experimentación con placebo.

De esta manera, se excluyeron aquellos estudios sin medición subjetiva del dolor por parte del paciente, sin escalas objetivas de cuantificación del dolor postoperatorio durante, el menos, el primer mes de convalecencia o aquellos estudios que toleraban el consumo de sustancias estupefacientes.

Tras examinar 15 papers sobre bloqueo nervioso, 12 acerca de infusiones subacromiales, 4 trabajos que indagaban en los regímenes de medicación oral, 1 de crioterapia y 8 más que comparaban distintas modalidades, los científicos hallaron que el BNI era el método más indicado para este tipo de pacientes.

“Las infusiones continuas, en concentraciones crecientes y mediante métodos de administración controlados por el paciente pueden ser efectivas para controlar de forma más agresiva el dolor”, especifica Freedman.

Mientras, la dexametasona, la clonidina, el magnesio o la oxicodona han demostrado su validez para mejorar la duración y adecuación del BNI cuando se utilizan como adyuvantes. Así mismo, existen evidencias de que la pregabalina oral y el etoricoxib, administrados antes de la cirugía, disminuyen el dolor postoperatorio, con la consecuente satisfacción por parte del paciente.