La celebración del 17 de octubre pretende recordar la alta prevalencia en España de condiciones médicas dolorosas como lumbalgias, fibromialgias, molestias perineales o dolores osteoarticulares     -estos últimos, por ejemplo, afectan al 50% de las personas mayores de 55 años-. Y es que, este tipo de manifestación del dolor es responsable de la mayoría de las consultas médicas que se producen en el país.

Según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER), 1 de cada 4 adultos mayores de 20 años padece alguno de los diferentes tipos de patologías reumáticas y entre ellos la mayoría son mujeres. Según el Hospital Ruber Internacional, en el caso concreto de la osteoporosis, la proporción es de 3 a 1 en detrimento de la mujer, mientras que, en la fibromialgia, por cada hombre se ven afectadas 21 mujeres.

“Durante los últimos años, el interés por tratar y aliviar el dolor se ha intensificado tanto en las comunidades médicas como en las no médicas”, apunta la doctora Mercedes Mozas de la Clínica IMQ Zorrotzaurre, “es probable que este interés se deba a varios factores, como el progresivo aumento de la esperanza de vida de la población”, reflexiona la experta en dolor.

La avanzada edad de los pacientes, “ha llevado a una mayor presencia de cuadros dolorosos crónicos”. Por otro lado, también “se ha objetivado una mayor demanda de los cuidados sanitarios por parte de la población en general”, admite.

Afortunadamente, recuerda la experta, en muchas ocasiones el daño es controlable gracias a diferentes técnicas, especialistas y fármacos. Entre ellos, el más destacado sería el paracetamol, que ya alcanzó en el año 2003 el segundo puesto entre los fármacos más vendidos de España, con 32 millones de envases anuales; un 3,8% de las ventas totales, según datos de IMQ Zorrotzaurre.

Estos tratamientos “pueden llegar a suponer un gasto social aproximado de un 2% del producto interior bruto (PIB) de las Administraciones Públicas”, explica Mozas, “por ejemplo, en Euskadi, con un PIB en 2015 de 65.942 millones de euros, las situaciones dolorosas en nuestra comunidad el año pasado supusieron un gasto superior a 1.300 millones”, apunta.

“Un tratamiento óptimo del dolor, además de mejorar la calidad de vida del paciente y de su entorno, reduciría sustancialmente estos costes sociales derivados”, asegura Mozas. En definitiva, a día de hoy, existen muchas razones para hacer del tratamiento del dolor “una prioridad sanitaria, fundamentalmente del dolor crónico”, defiende.