Para comparar el uso de ambas técnicas, los autores de este estudio, denominado BIOECO, realizaron un estudio prospectivo observacional, utilizando una cohorte de 21 pacientes ingresados por sepsis. Los investigadores realizaron 3 bioimpedancias (al ingreso, 48 horas y al alta) y 3 ecografías torácicas contabilizando líneas B de Kerley, según protocolo LUS, recogiendo además balances hídricos en gráficas, según recoge el estudio.

Además, los autores analizaron variables demográficas, de manejo terapéutico, clínicas, estancia y mortalidad en la unidad de críticos e intrahospitalarias. Tras evaluar los resultados, los responsables del estudio comprobaron que el empleo de la ecografía torácica puede ser un instrumento útil para valorar la volemia y el estado de hidratación del paciente crítico.

Asimismo, los investigadores defienden que la ecografía torácica es una prueba sencilla, coste-efectiva, no radiante, reproducible y con una alta sensibilidad. Sin embargo, entre sus inconvenientes los autores citan que es una técnica observador-dependiente, que requiere de una curva de aprendizaje para su correcta utilización.