“Los glóbulos rojos que se utilizan para la transfusión de pacientes críticos son como un buen vino tinto, cuanto más viejo mejor”, señala Jamie Cooper, profesor y director del Australian and New Zealand Intensive Care Research Center de la Monash University de Melbourne.

Actualmente, los médicos utilizan la sangre más antigua y esta puede almacenarse durante un periodo máximo de 42 días, señalaron los investigadores. Sin embargo, la preocupación sobre el uso de sangre vieja había provocado que ciertos centros redujeran el tiempo de validez de la sangre transfundida, con la consecuente reducción de las reservas de sangre correspondientes, indican los autores.

Sin diferencias en la mortalidad

Los investigadores analizaron a casi 5.000 pacientes críticos que estaban preparados para recibir transfusiones de sangre vieja o nueva. Los pacientes eran de 59 centros médicos de 5 países: Australia, Finlandia, Irlanda, Nueva Zelanda y Arabia Saudí. La sangre más reciente se había almacenado durante un promedio de 11 días, mientras que la sangre más vieja tenía unos 22 días de antigüedad.

A los 90 días de haber realizado la transfusión, el 24,8% de los pacientes que recibió sangre fresca murió en comparación con el 24,1% que recibió sangre vieja. Además, a los 6 meses de la transfusión, la diferencia continuó siendo menos del 1%. Hasta el momento, los científicos consideraban que los glóbulos rojos se volvían más rígidos a medida que pasaban los días y que liberaban hierro cuando la hemoglobina salía de las células.

Asimismo, pensaban que el almacenaje de glóbulos rojos en bolsas de plástico podía afectar a la conservación de las células. Sin embargo, “este problema estaría resuelto ya que los resultados no muestran diferencias significativas en la forma de almacenaje de las células sanguíneas”, señala Edward Murphy, autor del estudio y profesor en la Universidad de California de San Francisco.