La inmersión en agua durante la primera etapa del parto puede reducir el uso de analgesia local; sin embargo, la calidad de la evidencia sobre su utilidad para evitar roturas perineales es de moderada a baja en mujeres sanas con bajo riesgo de complicaciones, según un estudio de las universidades de Southampton, Liverpool y Oxford Brookes. Según el texto, que publica Cochrane, la inmersión no parece afectar al hecho de que se produzca un parto vaginal, instrumental o por cesárea, pero tampoco supone ningún aumento de riesgo para la madre o el hijo.

Para llegar a esta conclusión, Elizabeth R. Cluett y su equipo revisaron 15 ensayos realizados entre 1990 y 2015 que incluían a 3.663 mujeres. De estos ensayos, 8 evaluaban la inmersión en agua durante la primera etapa del parto, 2 durante la segunda, 4 en ambas etapas y uno comparaba la inmersión temprana o tardía durante la primera etapa. Tal como señalan las autoras, ninguno de los textos comparó diferentes tipos de inmersión ni el manejo del parto en su tercera etapa; tampoco se incluyeron entornos de atención dirigidos por parteras.

Los ensayos se llevaron a cabo en un entorno de sala de partos hospitalarios, con un grado variable de intervención médica considerada como práctica habitual. Las autoras concluyeron que, probablemente, la inmersión en agua durante la primera etapa resulte en un menor número de mujeres con epidural; sin embargo, no pudieron confirmar el efecto de esta práctica sobre el riesgo de hemorragia tras el parto. Dar a luz en el agua parece tener poca o ninguna relación con el desarrollo de infecciones o la necesidad de cuidados intensivos neonatales. Además, los ensayos sobre la segunda etapa evidenciaron que la  inmersión no influía en el tipo de parto, ni en la aparición de fiebre en los bebés, al nacer o durante su primera semana de vida.

Con estos datos Cluett y su equipo concluyeron que “se necesita más investigación sobre la inmersión en el agua durante el parto; en particular sobre su uso en entornos de nacimiento fuera de las salas de parto hospitalario” ya que, señalan, esta práctica se está volviendo cada vez más popular. “Es importante examinar si la inmersión en agua durante la primera y/o segunda etapa del parto tiene el potencial de maximizar la capacidad de las mujeres para controlar el dolor y tener un parto normal sin aumentar el riesgo de un evento adverso”, defienden las investigadoras, quienes abogan por considerar tanto el bienestar físico de las madres como el psicológico.