La también llamada walking epidural consiste en emplear dosis mínimas de anestésicos que garanticen tanto la analgesia como la ausencia de bloqueo motor. Estas dosis bajas por vía epidural son tan eficaces como la dosis convencional para el control del dolor en la fase de dilatación, asegura Cáceres sobre esta técnica que, además, “consigue una mayor participación y más satisfacción de la madre durante todo el parto”.

La epidural móvil también permite “aprovechar los beneficios que la bipedestación o la sedestación en la pelota obstétrica aportan al periodo de dilatación”, ejemplifica el experto. En este sentido, “es importante remarcar que lo fundamental es que la madre pueda mantenerse en posición vertical, de modo que el caminar sea una opción y no una obligación”, explica.

Contracciones menos dolorosas, la disminución en los tiempos de dilatación o la menor necesidad de sondajes urinarios, e incidencia de distocias y partos instrumentales son otras ventajas que ofrece la walking epidural. Todo ello, “evita el encamamiento de la gestante y permite aprovechar las bondades que la postura vertical aporta al alumbramiento”, reitera.

“Gracias al efecto directo de la gravedad, se produce mejor mecanismo fisiológico en la repuesta neuroendocrina en la fase de dilatación del parto, conocido como efecto Ferguson, y se mejora el flujo uteroplacentario”, justifica el anestesiólogo. En definitiva, considera, “el gran reto actual del anestesiólogo obstétrico es aplicar una técnica que garantice el máximo control del dolor, respetando la fisiología de la evolución del parto, con los mínimos efectos sobre el feto, y mediante una participación activa de la mujer durante todo el proceso”, concluye.