Esta medida pretende escanear el sistema sanitario en busca de médicos poco competentes a los que se ofrecerían cursos de reciclaje. Tal como promete la presidenta de la junta, Joanna Flynn, estas mejoras se llevarían a cabo sin introducir gastos adicionales para la administración ni aumentar en exceso la carga laboral de los médicos.

“En general, la comunidad en Australia tiene un alto nivel de confianza en los médicos; ahora se trata de asegurar que esta confianza tiene fundamento", explica en declaraciones a The Sydney Morning Herald, “pretendemos intervenir cuando el rendimiento esté empezando a deteriorarse para evitar llegar a denuncias o malos resultados en el tratamiento del paciente”.

El 4% de los profesionales australianos -unas 4.400 personas- han recibido alguna reclamación, admitida por la junta. Los factores comunes a la hora de obtener estos malos resultados son el sexo, generalmente masculino, la edad, ya que suelen ser mayores de 35 años y haber tenido alguna queja con anterioridad. “Muchísimos médicos continúan ejerciendo hasta edades avanzadas, pero, por varias razones, algunos de ellos empiezan a tener descuidos”, lamenta Flynn.

El presidente de la Asociación Médica de Australia, Michael Gannon, ha mostrado su disconformidad frente a la iniciativa, ya que “no existe ninguna evidencia de que el sistema de desarrollo profesional haya dejado de funcionar”, reclama, “lo último que se necesita es introducir nuevas capas de burocracia que en realidad no mejoran la experiencia del paciente ni su seguridad. Australia tiene un nivel muy alto en cuanto a cuidado de la salud”, insiste.