Más de un centenar de investigadores de la Real Sociedad de la Universidad de Cambridge han declarado la posibilidad de salir de la UE como un “desastre para la ciencia británica”. Temen perder la financiación o el libre movimiento para realizar estancias a lo largo del continente.

Los defensores del Bremain (la opción del sí a Europa), son conscientes de que los estudios británicos suman el 16% de la ciencia mundial, lo que les sitúa en una posición muy favorable a la hora de recibir becas de la UE, un privilegio que está en juego.

Los votantes de la salida sostienen que este nivel podría mantenerse gracias a los pagos del contribuyente británico, sin embargo, según el propio canciller británico, George Osborne parte del presupuesto de gasto público serviría para pagar los costes de la salida, recortando así en ciencia y sanidad pública.

Numerosas empresas tecnológicas, como Rolls-Royce y British Telecom, start-ups como Coadec y personalidades de la ciencia como Peter Higgs y Stephen Hawking, también han manifestado su negativa a abandonar la UE. Así lo han expresado estos últimos en una carta enviada al Times y firmada por 150 colegas de profesión.

Mike Galsworthy, el ideólogo de la campaña Scientist for EU asegura que, de todos modos, “no se trata solo de dinero”. El científico, que ha luchado por la permanencia a través de las redes sociales, defiende que “los apoyos de la comunidad europea también sirven para catalizar la colaboración internacional".

En su opinión, la UE impulsa la integración, ya que, por ejemplo, “en la mayoría de los programas, para recibir subvención, se necesita incluir a colaboradores de otros países”, justifica.

Contra este argumento surge la posibilidad de establecer un “acuerdo de asociación” que permitiría a los científicos seguir colaborando “desde fuera”, tal como hacen hoy Túnez o Noruega. A través de un artículo para la revista Technology Review, la periodista científica Debora Mackenzie, ha cuestionado esa posibilidad.

Mackenzie ha recordado en su texto que, en 2014, “bajo la misma presión anti-inmigración que está empujando a Reino Unido”, el 50,3% de los suizos votaron contra la libre circulación de personas. Desde ese momento “los alumnos suizos empezaron a ser expulsados de los programas Erasmus”.

En ese momento, lamenta “nadie mencionó cómo iba a afectar a la ciencia”, y a pesar de que se firmó una condición de asociación temporal y parcial, sin una asociación plena el país tendrá que asumir los costes de su participación en proyectos europeos de investigación. "No existen motivos para creer que Reino Unido vaya a salir más airoso", concluye.

Why UK scientists want to stay in. Please watch and share!https://t.co/9d6I4mD3zX

— Scientists for EU (@Scientists4EU) 21 de junio de 2016