Si hablamos de menores de 35 años, las causas de muerte súbita están relacionadas con anomalías congénitas. Sin embargo, en los mayores de 35 años, se puede observar una predominancia de la cardiopatía isquémica. El reconocimiento de las anomalías que potencialmente pueden estar relacionadas con la muerte súbita plantea dificultades en el plano coste-efectivas e incertidumbre sobre la elección de los métodos diagnósticos más apropiados que minimicen los resultados falso-negativos y falso-positivos.

Estas son algunas de los puntos claves de la actualización del artículo: “Muerte súbita en deportistas jóvenes”. En el texto se matiza que la muerte súbita puede ocurrir a cualquier edad y en personas aparentemente sanas. Se calcula que aproximadamente el 12,5% de las muertes que se producen de forma natural son muertes súbitas y, de estas, el 88% tienen origen cardíaco. Además, la actualización subraya que los exámenes médicos suelen ser ineficaces para su prevención.

Por otro lado, la incidencia de la muerte súbita en deportistas es baja. Existen pocos registros de muerte súbita en deportistas (durante la práctica o después de ella) que incluyan autopsia. De los 25 millones de deportistas que existen en los EE.UU., se ha estimado que tienen lugar de 1 a 5 casos de muerte súbita por millón por año. La incidencia estimada de muerte súbita es de 1/200.000/año en deportistas jóvenes y de 1/18.000/año en el grupo mayor de 35 años.

Además, la actualización arroja los siguientes datos sobre la baja incidencia de la actividad física sobre la muerte súbita: 1:200.000 en jóvenes. Además, aquellas personas que practican una actividad deportiva intensa presentan una mayor incidencia de muerte súbita que las no deportistas: 1,6 muertes por 100.000 vs. 0,75 por 100.000. Sin embargo, en un estudio publicado sobre la muerte súbita en general se exponía que casi el 70% de las personas que fallecieron se encontraban en reposo cuando se presentó el episodio.

La actualización concluye en que, pese a que no se realizaron estudios formalmente controlados, tanto las pruebas indirectas como la intuición clínica sugieren que seleccionar y adoptar estrategias de descalificación estarían justificadas. Matiza además que, probablemente así, se reduciría el número de muertes repentinas en atletas jóvenes.