El estudio, dirigido por José Antonio Enríquez, se ha publicado en Cell Reports y se centra en el análisis de los factores implicados en la adaptación celular al uso de diferentes nutrientes, un proceso necesario para prevenir enfermedades metabólicas. Tal y como explica el CNIC, la energía proviene de los nutrientes de los alimentos que se ingieren.

De ellos obtiene los electrones procedentes de las moléculas que se oxidan durante el metabolismo celular, en su mayor parte azúcares y ácidos grasos. La absorción de estos electrones puede producirse en diferentes puntos, y ahí es donde radica la importancia del modo en el que la cadena se estructura y organiza.

Hasta el momento la visión tradicional de la cadena de transporte electrónico muestra sus seis componentes, cuatro complejos multiproteicos (I, II, III y IV) y dos transportadores electrónicos. La novedad, según el investigador, es que los complejos multiproteicos de la cadena son capaces de “asociarse y disociarse dinámicamente, y dicha dinámica permite regular su eficiencia”.

Los electrones de los nutrientes son transportados en dos tipos de moléculas: NADH o FADH2 y el número de ellos varía en función del tipo de alimento. Los azúcares proporcionan un mayor número de moléculas NADH mientras que los ácidos grasos generan más FADH2. Al mismo tiempo, cada tipo de molécula introduce los electrones de una forma.

La molécula NADH distribuye sus electrones sobre una asociación de complejo I con complejo III; mientras que la vía FADH2, requiere que estos dos complejos estén disociados ya que deposita sus electrones sobre complejo III no asociado con complejo I. Gracias al Transporte Reverso de Electrones podrían disociarse ambos complejos.