El estudio usa la resonancia magnética cardiaca.

El tamaño del infarto no disminuye induciendo una isquemia artificial mediante la compresión de una extremidad. Así lo confirma el primer estudio multicéntrico de gran envergadura realizado para estudiar la eficacia de esta técnica. El trabajo lo han liderado investigadores del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Los resultados se han presentado en el Congreso Europeo de Cardiología (ESC Congress 2019), que se celebra estos días en París.

Según ha informado el centro, cuando se produce un infarto de miocardio, el objetivo principal es reducir el daño cardiaco. Es decir, el tamaño del infarto. En la actualidad, la angioplastia es la principal técnica que se usa para logar dicho objetivo. Esta herramienta consiste en colocar un estent en la arteria afectada con el fin de abrirla y de esta forma facilitar el riesgo. El problema es que esa apertura puede provocar un daño adicional en ciertos casos.

“Las células cardiacas de la zona del infarto pueden encontrarse débiles y vulnerables”, explica Ignacio Ferreira, jefe en funciones del Servicio de Cardiología de Vall d’Hebron.

“La clave, en estas investigaciones, era inducir la isquemia justo al inicio del infarto y antes de la apertura de la arteria coronaria con el estent”, añade.

Estudios experimentales habían demostrado que provocar una isquemia artificial podía preparar al corazón para el daño de un infarto. De hecho, algún estudio preliminar en humanos había sido “prometedor”, según el experto. “Estas isquemias artificiales generan un entorno bioquímico en las células cardiacas que permite que el corazón infartado se adapte mucho mejor a la reducción del riego sanguíneo y al potencial daño que se produce tras la apertura de la arteria con el estent”, comenta el investigador.

Estudio a gran escala

Encabezados por David García-Dorado, recientemente fallecido, los investigadores han liderado el primer estudio de gran envergadura y multicéntrico que evaluaba esa hipótesis. Es decir, que buscaba valorar la eficacia de la inducción de una isquemia artificial a la hora de disminuir el tamaño del infarto. Los resultados han refutado la hipótesis, ya que desvelan que no se reduce el daño.

“Gracias a la resonancia magnética cardiaca observamos directamente el tamaño del infarto”, apunta Ferreira, investigador principal del Grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR).

El estudio ha incluido a más de 300 pacientes con infarto agudo de miocardio y elevación del segmento ST. A través de la resonancia magnética, se ha medido el tamaño del infarto y se ha confirmado que no se reduce al comprimir una extremidad para provocar una isquemia artificial. El Congreso Europeo de Cardiología ha seleccionado el estudio como late breaking science, de los que forman parte estudio con gran influencia en la práctica clínica.