Los investigadores inyectaron 2 dosis diferentes IGF1 y de placebo. Aquellos que recibieron las dosis más altas mejoraron la remodelación de su músculo cardiaco 2 meses después de haber recibido las dosis y de haber sufrido un infarto de miocardio. Tal y como explican los científicos, alrededor del 20% de las personas que tiene infartos de miocardio posee dificultades de recuperación del músculo cardiaco, a pesar de recibir las mejores terapias.

Ello deriva en insuficiencia cardiaca a largo plazo, así como mayor morbilidad y mortalidad. Por este motivo, los investigadores apostaron por buscar una solución a estos pacientes que no encuentran un tratamiento adaptado a su patología. “Este es el primer ensayo que muestra que una sola inyección de IGF1 a bajas dosis es segura y puede mejorar la reparación cardiaca después de un infarto agudo de miocardio”, asegura Caplice.

Si los futuros ensayos tuvieran éxito, el factor de crecimiento insulínico tipo 1 podría aplicarse más ampliamente para mejorar la calidad y la esperanza de vida de cualquier paciente que haya sufrido un infarto agudo de miocardio. Por otra parte, según confirman los investigadores, este tratamiento resulta económicamente beneficioso para los servicios sanitarios pues reduciría los costes derivados de la atención de estos pacientes.

La investigación ha sido revisada por pares por la Sociedad Europea de Cardiología y presentada en la conferencia de Heart Failure 2017 celebrada en París el mes pasado. Los científicos quieren realizar el estudio en una muestra más grande con el objetivo de comprobar todos los beneficios que pueda provocar IGF1 en otras patologías cardiacas en las que el músculo del corazón pudiera estar dañado.