ISGLT2 (inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2) y IDDP4 (inhibidores de la dipeptidil peptidasa-4), como antiglucémicos complementarios a la metformina, han centrado la mesa redonda sobre pacientes con diabetes tipo 2 y riesgo cardiovascular del 38.º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que se está celebrando esta semana en Madrid.

Según ha explicado Josep Redón, del Hospital Clínico Universitario de Valencia, el riesgo cardiovascular se produce cada vez a edades más precoces y tiene un impacto “muy relevante” en la morbimortalidad y la esperanza de vida de los pacientes diabéticos. “El control glucémico es primordial, pero hay que tener en cuenta otras muchas cosas”, ha destacado el experto, que ha moderado la mesa junto a Ángel Sánchez, del Hospital Universitario de Salamanca.

Caso clínico

Entre esos aspectos que hay que tener en cuenta se encuentra el riesgo cardiovascular; de acuerdo con los participantes en la sesión, este no puede obviarse a la hora de decidir el tratamiento de un paciente. A modo de ejemplo, se ha usado el caso de una paciente de 58 años con diabetes de 6 años de evolución, sobrepeso y antecedentes familiares de infarto agudo de miocardio y diabetes tipo 2; tuvo menopausia con 42 años.

Tenía además dislipemia e hipertensión arterial no controlada a pesar del tratamiento con telmisartán; para tratar la diabetes se habían prescrito medidas higiénico-dietéticas y metformina. Ante esta situación, se planteaba la duda de añadir o no un antiglucémico y, en caso afirmativo, cuál. Durante la mesa redonda, 2 expertos han argumentado en favor de la prescripción de IDDP4 y de ISGLT2.

Tal y como ha señalado Joan Solà, del Hospital Parc Taulí de Sabadell, la gran ventaja de IDDP4 es que se trata de un fármaco con “muy pocos efectos adversos”; por su parte, ISGLT2 consigue bajar el peso y la presión arterial, de acuerdo con Pedro Casado, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid. “Hasta hace poco, el tratamiento disponible era muy limitado”, ha explicado el primero.

Según el especialista, hasta 1995, si fracasaba la metformina, había 6 opciones más disponibles; hoy día hay 38 posibilidades diferentes, que además pueden combinarse de maneras distintas.

“Es necesario realizar una intervención multifactorial”, ha insistido Solà, que también ha expuesto su posición para la misma paciente 3 años después de la situación descrita, cuando sufrió un infarto agudo de miocardio; había sido tratada con IDDP-4. En este caso, el especialista ha apostado por añadir ISGLT2 como tercer fármaco antidiabético; Casado ha coincidido. “Lo que queremos cuando tratamos es evitar eventos clínicos mayores”, ha concluido.