El shock séptico se caracteriza por provocar hipotensión debido a la sepsis. Esta persiste a pesar de la administración de líquidos y se acompaña de alteraciones de la perfusión (acidosis metabólica o hiperlactacidemia), disfunción de órganos o necesidad de fármacos vasoactivos para mantener la presión arterial.

Los investigadores identificaron 1.554 pacientes que habían sido ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos por shock séptico entre los años 2005 y 2013. De todos ellos, un 44% cumplía los criterios de bradicardia o de una frecuencia cardíaca inferior a 80 latidos por minuto en algún momento del tratamiento.

A los 28 días de recibir el alta, aquellos pacientes con bradicardia tenían una tasa de mortalidad del 21% frente al 34% del grupo control. Según dicho estudio, los pacientes con una frecuencia inferior a 80 latidos por minuto reducen las probabilidades de morir a causa del shock séptico en un 13%.

Los pacientes que tenían menor frecuencia no recibieron ningún tipo de tratamiento que bajara su ritmo cardiaco, sino que eran sus pulsaciones normales. Sin embargo, los investigadores sugieren que inducir una reducción artificial del ritmo cardiaco podría resultar beneficioso en aquellos pacientes con shock séptico que tienen un ritmo más acelerado de lo normal.