Los niños con CRF por debajo de los 41,8 mililitros por minuto, en relación con su peso corporal en kilogramos (ml/kg/min), tienen una probabilidad 5,7 veces mayor de sufrir dolencias de este tipo en comparación con CFR iguales o mayores. Según su país de procedencia, la prevalencia de riesgo podía variar entre un 6 y un 39%.

En el caso de las niñas, las CRF menores de 34,6 ml/kg/min implican un riesgo cardiovascular 3,6 veces mayor sobre aquellas que presentan una capacidad respiratoria mayor que esta cifra. Según su origen, las posibilidades de sufrir dolencias cardiovasculares oscilaban entre el 6 y el 68%.

Tras realizar un metaanálisis de 7 estudios, que englobaron un total de 9.280 individuaos de entre 8 y 19 años, los expertos hallaron los puntos de corte orientativos a la hora de señalizar una CRF saludable.  

“Un niño y una niña de 15 años deberían ser capaces de correr a 11 km/h y 9.5 km/h, respectivamente, en el shuttle run test o course navette test”, especifican los expertos, “la CRF evaluada de esta forma es un indicador relevante de salud presente y un marcador cardiovascular para el futuro”.

Además, “tenemos datos que indican la fuerte evidencia de que una baja CRF en la infancia y la adolescencia es predictor también de un mayor riesgo de síndrome metabólico y rigidez arterial”, añaden según unos resultados que “convierten en esencial la promoción de estilos de vida centrados en el aumento de los niveles de actividad física”, concluyen.