Los pacientes con trombosis venosa profunda o coágulos de sangre en las venas tienen un alto riesgo de embolia pulmonar, así como de tener el síndrome postrombótico. Generalmente, los médicos prescriben anticoagulantes, aunque estos provocan un mayor riesgo de hemorragia. Por eso, “nuestro objetivo era detener la coagulación sin aumentar las complicaciones hemorrágicas,” asegura Sood, profesor de la Universidad de Michigan.

“Ahora sabemos que se produce un círculo vicioso: los coágulos en las venas provocan inflamación, lo que conduce a una mayor coagulación y a posteriores cambios en las paredes de la vena”, asegura Wakefield, jefe de cirugía vascular y director del Michigan Medicine’s Frankel Cardiovascular Center.

Wakefiel y Sood recibieron fondos de los National Institutes of Health (NIH) de los Estados Unidos en el año 2014 para tratar, por primera vez, la trombosis venosa profunda con un enfoque antiinflamatorio, a través de un programa conocido como VITA (por sus siglas en inglés de Vascular Interventions and Therapeutic Advances).

“Hemos encontrado que un inhibidor de la E-selectina que estaba listo para ser probado funcionaba igual de bien que los inhibidores de la P-selectina”, asegura Wakefield.

Según explican los investigadores, los pacientes tratados hasta ahora han tenido resultados positivos. Los investigadores esperan que el próximo paso sea realizar un ensayo multicéntrico con una combinación de la estrategia de inhibición de la selectina y la terapia estándar o, incluso, solo utilizar la última terapia descubierta.

La segunda parte del proyecto VITA durará hasta el año 2018. Wakefield, que continuará con esta segunda edición, asegura que “ser capaz de reducir los eventos de sangrado es importante para todo tipo de situaciones clínicas en las que es necesario usar un anticoagulante”.