El estudio multicéntrico prospectivo incluyó a 1.937 pacientes con fibrilación auricular a los que se les realizó un seguimiento durante un año para registrar la incidencia anual de tromboembolismo y eventos adversos MACE, entre ellos, el infarto de miocardio no mortal, la revascularización, la insuficiencia cardiaca y la muerte cardiovascular.

En los pacientes con fibrilación auricular, “la tasa de ictus fue del 0,77%; el infarto de miocardio, del 1,1%; y la mortalidad cardiovascular, del 1,81%. Ello implica que los eventos cardiovasculares giran en torno al 3%, es decir, que el evento cardiovascular es mucho más significativo que el ictus”, indica Francisco Marín, autor del estudio y cardiólogo del Hospital Virgen de la Arrixaca.

Abordaje multidisciplinar

Debido al elevado riesgo cardiovascular (hipertensión, dislipemia, diabetes, obesidad) y a la comorbilidad (insuficiencia renal, enfermedades respiratorias), "el paciente con fibrilación auricular requiere la atención de diferentes especialistas", matiza Marín. Entre ellos, se encuentra el médico de Atención Primaria, el cardiólogo y el médico internista, según señala:

“El médico de familia lo trata de una manera más habitual” mientras que “el cardiólogo lo consulta de forma más puntual, durante sus ingresos y a lo mejor no lo vuelve a ver en meses. Muchas veces, estos pacientes ingresan en un servicio de medicina interna en un contexto de insuficiencia respiratoria y luego no siempre tienen las revisiones periódicas adecuadas”, informa el experto.

“El tratamiento anticoagulante está solucionando”, según señala Marín, pero todavía no se le presta suficiente atención al riesgo de muerte y a que “pueda padecer otro tipo de eventos, como puede ser un infarto de miocardio”. Por ello, “sería muy recomendable un seguimiento periódico de las comorbilidades y de los factores de riesgo que pueden influir en el pronóstico de este tipo de pacientes”, concluye el cardiólogo.